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FENOMENOS MISTICOS EXTRAORDINARIOS


 LOS FENÓMENOS SOBRENATURALES

Dios no sólo hizo lo que la Biblia dice que hizo en tiempos del Antiguo Testamento, sino que, a partir del Nuevo, Él hace eso y mucho más. ¿Pruebas? La vida de numerosos varones y mujeres de Dios a los largo de la era cristiana. He aquí algunos de los numerosísimos fenómenos sobrenaturales.

Fenómenos de orden cognoscitivo

Distínguense dos clases de fenómenos de este género : los del orden intelectual, y los del orden psico-fisiológico.

Fenómenos divinos intelectuales.

Redúcense a dos principales ; las revelaciones privadas, y las gracias gratuitamente dadas.

Diferencia entre las revelaciones privadas y y las publicas.

Revelación divina en general es la manifestación sobrenatural hecha por Dios de una verdad oculta. Cuando esta manifestación es para el bien de la Iglesia entera, es revelación pública; cuando tiene por fin el provecho particular de los que la reciben, se llama revelación privada.  No pueden publicarse las revelaciones privadas sin la aprobación de la autoridad eclesiástica.

Nadie obliga a los fieles a creer en ellas; al aprobarlas, la Iglesia no nos impone la obligación de creerlas, sino solamente permite, dice Benedicto XIV , que puedan publicarse para enseñanza y edificación de los fieles. 

Cómo hace Dios las revelaciones.

De tres diferentes maneras : por medio de visiones, de locuciones sobrenaturales, y de toques divinos.

a) Las visiones

son percepciones sobrenaturales de un objeto naturalmente invisible para el hombre. No son revelaciones, sino cuando manifiestan alguna verdad oculta. Son de tres especies: sensibles, imaginativas o puramente intelectivas.

Las visiones.

Son de tres tipos.

1) Las visiones sensibles o corporales,

que también se llaman apariciones, son aquellas en las que los sentidos perciben una realidad objetiva naturalmente invisible para el hombre. No es necesario que el objeto que se percibe, sea un cuerpo humano en carne y hueso; basta con que sea una forma sensible o luminosa.

Por eso se admite comúnmente, con Santo Tomás, que Nuestro Señor, después de la Ascensión, no se apareció personalmente sino raras veces ; se aparecía de ordinario en
una forma sensible que no era su verdadero cuerpo. Cómo se aparezca en la Eucaristía explícase de dos maneras, dice Santo Tomás :

  1. o por una impresión milagrosa en los órganos de la visión (cuando no es visto sino por uno solo);
  2. o por la formación en el aire ambiente de una forma sensible real, pero distinta del cuerpo mismo del Señor;

porque, añade el Santo, el cuerpo del Salvador no puede ser visto en su forma propia sino en un solo lugar : “ Corpus Christi non potestin propriá specie videri nisi in uno loco, in quo definitive continetur ”.
Lo mismo que se dice de Nuestro Señor, ha de decirse también de la Santísima Virgen ; por esto, cuando se apareció en Lourdes, su cuerpo no se movió del cielo, y, en el lugar
de la aparición, no había sino una forma sensible que la representaba. Por esto se explica que ora se apareciese en una forma, ora en otra.

Por tanto: 1) Visiones corporales o externas son aquellas en que los ojos del cuerpo perciben una realidad naturalmente invisible al hombre; en tal caso no es necesario que el objeto que se ve (persona o cosa) esté física y realmente presente, sino que basta que se forme la imagen en la retina. Es a lo que de ordinario se le llama apariciones.

2) Las visiones imaginarias o imaginativas

son aquellas que son producidas en la imaginación por Dios o por los ángeles en el estado de vigilia o durante el sueño.

Así se apareció varias veces un ángel a San José en sueños, y Santa Teresa cuenta muchas visiones imaginativas de la humanidad de Nuestro Señor estando ella despierta

1; a menudo estas visiones van acompañadas de una visión intelectiva que explica la significación de aquellas

2. A veces recorre el alma, en la visión, países lejanos : éstas casi por entero son visiones
imaginativas.

Por tanto; 2) Visiones imaginativas son aquellas en que Dios estimula la imaginación del individuo a fin de comunicarle un mensaje, de manera que el subconsciente humano no es capaz de controlar o dirigir el proceso. De este tipo son los sueños proféticos.

3) Visiones intelectivas

son aquellas en las que el espíritu percibe una verdad espiritual sin formas sensibles : tal fue la visión de la Santísima Trinidad que tuvo Santa Teresa. Estas visiones son, ya por medio de ideas antes adquiridas, ya de especies infusas, que representan las cosas divinas mejor que las ideas adquiridas. A veces son oscuras, y no manifiestan sino la presencia del objeto; otras son claras, mas no duran sino un instante : son a manera
de intuiciones que dejan profunda impresión.

Hay visiones que reúnen dos o tres caracteres al mismo tiempo. Así la visión de S. Pablo en el camino de Damasco fue a la vez sensible, cuando vio la luz resplandeciente; imaginativa, cuando se le manifestaron los rasgos distintivos de Ananías en la imaginación ; e intelectiva, cuando entendió lo que Dios quería de él.

Por tanto: Visiones intelectuales son aquellas en las que ya no intervienen los sentidos sino sólo la inteligencia, pero sin necesidad de emplear la facultad de razonar, por ello se accede a un entendimiento puro, superior a todo lo humanamente posible.

Las visiones corporales y las imaginativas, pueden tener orígenes sobrenaturales, pero, de acuerdo con la experiencia y las enseñanzas de los grandes místicos, son muy raros, a menudo intactos, son ilusiones o alucinaciones naturales o de engaños diabólicos.


Las locuciones sobrenaturales.

son ciertas hablas o manifestaciones del divino entendimiento que hace Dios perciban los sentidos exteriores, los interiores o,: directamente, el entendimiento, Llámanse auriculares, cuando son vibraciones milagrosamente formadas que suenan en los oídos;
imaginativas, cuando escúchalas sola la imaginación; intelectivas, cuando directam ente se encaminan al entendimiento

Son comunicaciones que Dios hace. Pueden ser percibidas por los sentidos externos (el oído) o interiormente. Es común que visiones y locuciones se den al mismo tiempo, pero no necesariamente. El beato Francisco Marto veía pero no podía oír a la Virgen en Fátima.

Los toques divinos son sensaciones espirituales deliciosas, impresas en la voluntad por
una especie de contacto divino, y que van acompañadas de viva luz en el entendimiento.
Distínguense dos clases de ellos : los toques divinos ordinarios, y los toques divinos sustanciales, que, aunque tocan en la voluntad, son tan hondos, que parecen llegar hasta lo más profundo de la sustancia misma del alma; ésta es la razón de aquellos m dos de hablar de los místicos, cuando declaran haber experimentado un contacto de sustancia a sustancia. En realidad estos toques ocurren en la parte más sutil de la voluntad y del entendimiento, en la que estas facultades tocan con la sustancia misma del alma; pero son las potencias, y no la sustancia, según la doctrina de Santo Tomás, las que reciben estas impresiones. Esta parte sutil de la voluntad llámanla los místicos la cumbre del espíritu, o la cumbre de la voluntad, y también el fondo del alma.

Cómo hemos de habernos con respecto a estas gracias extraordinarias. Los
grandes místicos enseñan a una que no se han de desear ni pedir estos dones extraordinarios. Ciertamente no son de necesidad para llegar a la unión divina; y aun a veces, por causa de nuestras majas inclinaciones, son más bien obstáculos para la divina unión. Demuéstralo particularm ente S. Juan de la Cruz; afirma que el deseo de revelaciones roba la pureza de la fe, engendra una curiosidad maligna que es origen de ilusiones, ocupa el espíritu con vanos fantasmas, descubre de ordinario falta de humildad y de obediencia a Nuestro Señor, el cual, por medio de las revelaciones públicas, nos ha procurado todo lo que hemos menester para ir al cielo. 
Además las visiones están sujetas a mil ilusiones;
de aquí la necesidad de dar reglas para discernir las
verdaderas de las falsas.


Las revelaciones.

Son manifestaciones sobrenaturales de una verdad oculta o un secreto divino que Dios decide comunicar para bien general o para la utilidad de quien la recibe. Pueden ser privadas (cuando son hechas a un individuo, y no entran en el depósito de la fe) o universales (las Sagradas Escrituras y la Tradición).

Conocimiento del interior de otro.

Dios comunica a un siervo suyo los secretos del corazón de otras personas, por ejemplo, sus pecados. Fue algo que experimentaron frecuentemente el Santo Cura de Ars y el padre san Pío de Pietrelcina.

La hierognosis.

Es el conocimiento de lo que es sagrado. Quienes reciben esta gracia son capaces de distinguir sin ningún esfuerzo de su parte un objeto bendito de uno que no lo está, o las auténticas reliquias de los santos.

Ciencia infusa universal.

Tiene lugar cuando, sin estudio alguno, se posee un vastísimo conocimiento de la Sagrada Escritura, de los principios de la vida espiritual o de la teología.

Las gracias gratuitamente dadas

Las gracias gratuitamente dadas lo son principalmente para el provecho de los demás. Son dones gratuitos, extraordinarios y transitorios, conferidos directamente para el bien de los demás, aunque indirectamente puedan servir para la santificación del mismo que los recibe. Enuméralos S. Pablo con el nombre de carismas; en la Epístola a los Corintios distingue nueve, los cuales todos proceden del mismo Espíritu :

  1. i) El habla de sabiduría, sermo sapientia, que nos ayuda a sacar de las verdades de fe, consideradas como principios, conclusiones que acrecientan los tesoros del dogma.
  2. El habla de ciencia, sermo scientia, por el que nos valemos de las ciencias humanas para explicar las verdades de la fe.
  3. El don de fe, no la virtud, sino una certidumbre especial capaz de producir prodigios.
  4. La gracia de curar enfermedades, gratia sanitatum, que no es otra cosa que el poder de sanar a los enfermos.
  5. El don de hacer milagros; para confirmar la revelación divina.
  6. El don de profecía, o sea el don de enseñar en el nombre del Señor, y, si fuere menester, de confirmar la doctrina con profecías.
  7. La discreción de espíritus, o sea el don de leer los secretos del corazón y de discernir el bueno del mal espíritu.
  8. El don de lenguas, que, en S. Pablo, es el don de orar en lengua extraña con cierta exaltación, y, según los teólogos, el de hablar varias lenguas.
  9. El don de interpretación, o el de interpretar las palabras extrañas de que se tratare’.

Según advierten oportunamente S. Pablo y Santo Tomás, todos estos carismas están muy por bajo de la caridad y de la gracia santificante.

Fenómenos psico-fisiológicos.

Dase este nombre a los fenómenos que obran a la vez en el alma y en el cuerpo, y que se
refieren más o menos al éxtasis, d

Los principales son :

  1. la elevación en el aire;
  2. los efluvios luminosos;
  3. los efluvios olorosos;
  4. la abstinencia o inedia;
  5. la estigmatización.

1. La elevación en el aire.

Es un fenómeno en virtud del cual el cuerpo se mantiene elevado sin tocar en el suelo, y así se está sin apoyarse en cosa alguna natural; llámasele éxtasis ascensional. A veces elévase el cuerpo a grandes alturas : llámase entonces vuelo extático.

O tras parece correr velozmente a ras del suelo sin tocar en él: es lo que se llama marcha extática.

Numerosos casos de elevación en el aire se leen en la vida de muchos santos, ya en los Bolandistas, ya en el Breviario; por ejemplo : S. Pablo de la Cruz, 28 de abril; S. Felipe Neri, 26 de mayo; S. Esteban de Hungría, 2 de septiembre; S. José de Cupertino, 18 df septiembre; S. Pedro de Alcántara, 19 de octubre; S. Francisco Xavier, 3 de diciembre, etc.

Uno de los más célebres es S. José de Cupertino, que, al ver un día a unos obreros que no atinaban a levantar una pesada cruz de misión, voló por los aires, tomó la cruz y la colocó sin trabajo alguno en el hoyo que habían hecho para ella.  A este fenómeno se refiere también el de pesantes extraordinaria, que hace no pueda ser movido del suelo el extático por mucha fuerza que se emplee.

Los racionalistas han intentado explicar este fenómeno de un modo natural, ya por la aspiración profunda del aire en los pulmones, ya por una fuerza física desconocida, ya por la intervención de espíritus o de almas separadas : quiere esto decir que no han hallado explicación seria de ello, ¡Cuánto más prudente es Benedicto XIV!

Exige primeramente que el hecho sea bien comprobado, para evitar toda clase de superchería. Luego declara:

1) Que la elevación en el aire, bien comprobada, no puede explicarse naturalmente;

2) Que no supera, sin embargo, las fuerzas del ángel ni del demonio, los cuales pueden levantar en vilo los cuerpos;

3) Que, en los santos, ese fenómeno es una posesión anticipada del don de agilidad propia de los cuerpos gloriosos

2. Efluvios luminosos

El éxtasis va a veces acompañado de fenómenos luminosos : ya es una aureola de luz
que ciñe la frente, ya todo el cuerpo que se viste de luz.

Se examinará en particular :

1) si el fenómeno se produjo en pleno día o durante la noche, y, en este último caso, si la
luz es niás brillante que otra alguna;

2) si es sólo una centella brevísima a la manera de la chispa eléctrica, o si se prolonga
el fenómeno por tiempo notable, o se repite muchas veces;
3) si se produce durante un acto religioso, un éxtasis, un sermón, una oración ;

4) si es resultado de los efectos de la gracia, de conversiones duraderas, etc.;

5) si la persona de la que salen los rayos, es virtuosa y santa.

3. Efluvios olorosos

Perm ite a veces Dios que el cuerpo de los santos, mientras viven o después de muertos, exhale deliciosos aromas, símbolo del buen olor de las virtudes que practicaron.

Así ocurrió con las llagas de S. Francisco de Asís, que exhalaban a veces gratos perfumes; durante nueve meses salía un perfume misterioso de su sepulcro, y, cuando se exhumó su cuerpo, escurríase de sus restos un óleo perfumado.

Benedicto XIV indica cómo se ha de proceder para comprobar el milagro; se mirará :

1) si el olores suave y persistente;

2) si ni junto al cuerpo, ni en la tierra, hay algo que pueda explicarlo;

3) si se han obrado milagros al hacer uso del agua o del óleo que se tomó del santo cuerpo;

La abstinencia o inedia

a. Abstinencia prolongada.

Ha habido santos, especialmente de los estigmatizados, que vivieron, sin otro alimento que la sagrada comunión, durante muchos años.

El doctor Imbert-Goubeyre cita, en particular, algunos casos asombrosos3 : “ La Beata Angela de Foligno estuvo doce años sin tomar alimento alguno; Santa Catalina de Siena, unos ocho años; la Beata Isabel de Rento, más de quince años; Santa Litwina, veintiocho; la Beata Catalina de Racconigi, diez años…; en nuestros días, Rosa Andriani
veintiocho a ñ o s…; y Luisa Lateau, catorce años”

Estos han de examinarsi la abstinencia es total, que comprenda el alimento líquido y el sólido, si es duradera, y si la persona sigue ocupándose en sus quehaceres.

b. Abstinencia de sueño

S. Pedro de Alcántara, durante cuarenta años, no durmió más de hora y media cada día;
Santa Catalina de Ricci no dormía más de una hora por semana.

5. La Estigmatización.

Naturaleza y origen. Este fenó­meno consiste en una especie de impresión de las santas llagas del Señor en los pies, las manos, el costado y la frente: aparecen espontáneamente, sin ser provocadas por herida alguna exterior, y manan periódicamente sangre limpia. El primer estigmatizado de que se tenga noticia fué S. Francisco de Asís : en un éxtasis sublime que tuvo en el monte Alvernia, el 17 de septiembre de 1222, vio a un serafín que figuraba a Jesús crucificado, y que le imprimió los sagrados estigm as; conservó hasta su muerte aquellas llagas de las que manaba sangre roja. Intentó ocultar el milagro, pero no lo consiguió del todo, y al morir, el 11 de octubre de 1226, el prodigio se hizo público. — Después de él se han multiplicado los casos. El doctor Imbert cuenta trescientos veintiuno, de los cuales  cuarenta fueron en hombres. Sesenta y dos estigmatizados fueron canonizados.

Parece estar comprobado que la estigmatización no se da sino en los extáticos, y que va
precedida y acompañada de muy fuertes tormentos físicos y morales, que hacen al sujeto muy semejante a Jesús crucificado. La ausencia de tales padecimientos sería muy mala señal; porque los estigmas no son sino el símbolo de la unión con el divino Crucificado, y de la participación en sus tormentos.

Señales para discernir los estigmas.

Por esa razón, para distinguir claramente la estigmatización, de los fenómenos artificiales que se provocan en algunos individuos, es menester poner mucha atención en las circunstancias que caracterizan los verdaderos estigmas.

  1. Los estigmas están localizados en las mismas partes del cuerpo en que Nuestro Señor recibió las cinco llagas, mientras que la exudación sanguínea de los hipnotizados no está igualmente localizada.
  2. 2) En general, la renovación de las llagas y de los dolores de los estigmatizados ocurre en los días o en los tiempos que traen a la memoria el recuerdo de la Pasión del Salvador, como son el viernes o alguna fiesta de Nuestro Señor.
  3. Las llagas éstas no supuran jamás; la sangre que de ellas mana es pura y limpia, mientras que la más pequeña lesión natural, en cualquiera otra parte del cuerpo, produce supuración, aún en los mismos estigmatizados. No se curan nunca, por más remedios ordinarios que se les apliquen, y duran a veces treinta o cuarenta años.
  4. Producen abundantes hemorragias; esto podría parecer natural en el primer día de presentarse, pero es inexplicable en los días siguientes. La abundancia de las hemorragias tampoco tiene explicación; los estigmas se hallan generalmente a flor de piel, lejos de los grandes vasos sanguíneos, y, a pesar de eso, ¡ manan de ellos chorros de sangre!
  5. Por último, y es lo más importante, los estigmas no se encuentran sino en personas que practican las virtudes más heroicas y tienen particular amor a la cruz.

El estudio de todas estas circunstancias muestra bien a las claras no ser los estigmas un caso patoló­gico ordinario, sino que en ellos interviene una causa inteligente y libre que obra en los estigmatizados para conformarlos más al divino Crucificado.

Fenómenos de orden corporal

Los estigmas.

Se trata de llagas o heridas, visibles o invisibles, que concuerdan con las de Jesucristo en la Pasión. Pueden ser varias o solo una.

Sudor de sangre.

Es la expulsión de líquido sanguinolento a través de los poros de la piel, particularmente los de la cara. El hecho histórico por excelencia es el de Jesucristo (Lc 22, 44). Ha habido un número pequeño de santos y personas pías que también han tenido sudor de sangre.

Lágrimas de sangre.

Son una efusión sanguinolenta a través de los lagrimales. Estos casos son más raros.

Ayuno absoluto.

En la Iglesia ha habido muchos casos de ayuno absoluto prolongado sin detrimento alguno de la salud. El de santa Catalina de Siena duró ocho años; el santa Ludovina de Schiedman, 28 años, el de la beata Caterina de Raconigi, diez años.

La vigilia o privación prolongada del sueño.

San Macario de Alejandría pasó 20 años continuos sin dormir.

La agilidad.

Consiste en la traslación corporal prácticamente instantánea de un lugar a otro. La Biblia recoge el caso del diácono Felipe, que fue de pronto transportado por Dios a la ciudad de Azoto tras bautizar al etíope (cfr. Hch 8, 39-40). Otros santos que experimentaron este fenómeno fueron san san Felipe Neri, san Antonio de Padua y san Martín de Porres.

La bilocación.

Consiste en la presencia de una misma persona en dos lugares distintos al mismo tiempo.

Las levitaciones. Es la elevación espontánea del suelo y el mantenimiento del cuerpo humano en el aire sin causa visible. Si el cuerpo se eleva un poco se llama éxtasis ascen sional; si se eleva a gran altura recibe el nombre de vuelo extático; y si comienza a andar velozmente a ras del suelo, pero sin tocarlo, se llama marcha extática. La historia de la Iglesia reporta muchos de estos fenómenos en la vida de los santos, por ejemplo San Felipe Neri, San José de Copertino. 

La sutileza. Es el paso de un cuerpo a través de otro. San Raymundo de Peñafort entró en su convento a puertas cerradas.

Esplendores. Son irradiaciones luminosas que a veces despiden los cuerpos de los santos, sobre todo durante la contemplación o el éxtasis.

Osmogénesis. Es la emanación sobrenatural de un cierto perfume de exquisita suavidad del cuerpo de los santos.

Fenómenos de orden afectivo

Éxtasis místico. Estado de contemplación tan profundo que se suspenden los sentidos.

Los incendios de amor. Fenómeno en el que el amor hacia Dios se manifiesta exteriormente bajo la forma de fuego que quema, incluso materialmente, la carne y la ropa cercana al corazón.

Los fenómenos sobrenaturales, si son auténticos, proceden siempre de Dios y no son explicables por la ciencia. Pero a veces la propia naturaleza o el demonio pueden imitarlos.

Los fenómenos naturales que aparentan sobrenaturalidad tienen como fuente elementos de orden fisiológico (temperamento, sexo, edad), la imaginación, los estados depresivos por diversas causas (trabajo intelectual absorbente, meditación religiosa mal regulada, excesiva austeridad) y las enfermedades.

Por ejemplo, hay estigmas que no son sino naturales, presentes en personas que padecen histeria y que se provocan ellas mismas las heridas. Es famoso el caso del adolescente Alberto Solís, alias «Betito», de Saltillo, Coahuila, que decía que la Virgen le hablaba, y que intentó en 2007 provocarse heridas parecidas a los estigmas de Cristo en manos y pies, para lo cual quiso someterse a un tipo de tatuaje que deja hundimientos permanentes en la piel. Pero, por ser menor de edad, no encontró tatuador que accediera.

Hay un caso más famoso, el del italiano Giorgio Bongiovanni, a quien le gusta exhibir sus estigmas al tiempo de proclamar toda una serie de tonterías inimaginables: que él es la reencarnación del beato Francisco Marto, quien a su vez fue la reencarnación de san Juan Bautista, quien a su vez fue la reencarnación del profeta Elías; que en 1991 (luego en 1993, y después en 1996) el mundo se iba a acabar; y, ahora, que en 2012 Jesucristo regresará a la Tierra en una nave espacial acompañado de los extraterrestres.

¿Cómo puede un hombre como Bongiovanni conservar los estigmas por tanto tiempo (se supone que los tiene desde 1989) si sólo son heridas naturales que tarde o temprano deberían cicatrizar?

La respuesta no es fácil, pero no debe olvidarse que también los demonios tienen la capacidad de producir fenómenos asombrosos que se confunden con la acción de Dios. Por ejemplo, pueden falsificar visiones y éxtasis; producir esplendores; curar enfermedades (producidas por los mismos demonios); hacer aparecer estigmas, etc. Aunque no son científicamente explicables, estos hechos no deben ser llamados sobrenaturales sino preternaturales, del latín praeter naturam, que significa «más allá de la naturaleza», y que se refiere al fruto de la actuación de un ángel o un demonio.

A Satanás le gusta imitar lo divino para confundir

Éste es un testimonio firmado con el nombre «Erasmo di Basi» y publicado en la revista Renovación del Espíritu Santo, de septiembre de 1987:

«Hace ya algunos años tuve la experiencia del juego del vaso, no sabiendo que se trataba de una forma de espiritismo. Después de algún tiempo me acometieron extrañas facultades. Tenía las mismas facultades que en parapsicología se definen como extrasensoriales, es decir: clarividencia, lectura del pensamiento, diagnósticos clínicos, lectura del corazón y de la vida de personas vivas o muertas, y otros poderes. Meses después se añade otra facultad: la de anular el dolor físico con la imposición de manos, aliviando o eliminando el estado de sufrimiento.

«Leyendo después la Palabra de Dios, me di cuenta de que mi vida no había cambiado en absoluto. Continuaba siendo fácil a la ira, lento en perdonar, fácil al resentimiento, susceptible a la ofensa. Tenía miedo de tomar mi cruz, miedo de la incógnita del futuro y de la muerte.

«Después de un largo peregrinar y tormentosas penalidades, Jesús me condujo hacia el movimiento de la Renovación Carismática. Aquí encontré algunos hermanos que han rogado por mí, y se ha constatado que lo que me había sucedido no era de origen divino sino fruto del Maligno. He reconocido y confesado mis pecados, me arrepentí y renuncié a toda práctica oculta. Y mis poderes cesaron».

Ya desde hace mucho tiempo se han podido realizar estudios serios que han evidenciado la intervención del demonio en fenómenos extraordinarios. Así, por ejemplo, el libro Medicina católica, del doctor Henri Bon (1859, Argentina), recoge este testimonio sobre los estigmas y otros hechos preternaturales experimentados por una mujer entre 1890 y 1891 en Lyon, Francia:

«Los dolores y los estigmas tenían lugar a veces en el coro de la capilla. Allí, en éxtasis, los ojos fijos sobre una visión invisible para todos los demás presentes, la señora N permanecía largo tiempo en esa actitud, con los brazos en cruz y la frente sangrando en forma tal que sus compañeras debían secarla con paños.

«A menudo también, arrodillada en la barra de hierro de su lecho o en otro lugar, y en éxtasis, se mantenía en posturas asombrosas y naturalmente imposibles, de equilibrio inestable.

«La señora N tenía estigmas en seis regiones diferentes de su cuerpo: en la cabeza, en la mano derecha, en la izquierda, en el pie derecho, en el izquierdo y en el costado izquierdo del pecho…

«Los médicos que examinaron a la estigmatizada llegaron a esta conclusión: ‘No es posible admitir que la concentración del pensamiento, por fuerte e intensa que se quiera, logre producir tales prodigios’. Además, la estigmatizada tenía visiones, éxtasis, discernimiento de conciencias, vista a la distancia, etc.

«El examen de la causa, muy voluminoso, fue confiado a un teólogo muy versado en esta materia, que concluyó su informe así: ‘La mayoría de los fenómenos ocurridos a la señora N… sobrepasan la naturaleza. Pero ninguno de los fenómenos citados exige la intervención divina… Finalmente, en muchos de estos fenómenos hay, en indicio, la marca de la influencia diabólica’. Estas conclusiones fueron desarrolladas y demostradas ante el obispo y su consejo episcopal».

Volar por los aires

San José de Cupertino fue un fraile franciscano italiano nacido en 1603. En su vida sacerdotal experimentó éxtasis, poder de hacer milagros y curaciones, y muchos otros sucesos sobrenaturales, entre ellos la levitación. Fueron muy numerosas las veces en que a san José de Cupertino se le vio volando por los aires. Uno de los casos más famosos ocurrió cuando diez obreros intentaban inútilmente cargar una pesada cruz para ponerla en una montaña; entonces fray José se elevó por los aires con la cruz y la colocó en la cima. Pero otras veces levitaba por sólo pensar en Cristo, como un domingo en que se encontró a un corderito, se lo echó al hombro y, al pensar en Jesús Buen Pastor, se fue elevando por los aires. En una Misa, a la cual asistió el príncipe Juan Federico de Brunswick, en el momento de la Consagración fray José estuvo levitando con la Hostia en la mano por 15 minutos; y el príncipe, que era protestante luterano, se convirtió a la fe católica. Otras veces fue visto volar sobre el púlpito, o delante de un crucifijo o una imagen pía, y aterrizar sobre el altar o cerca del tabernáculo. En un período de su vida esto llegó a ser tan frecuente que sus superiores lo exceptuaron del rezo común en su convento y de presidir Misas en público porque esto perturbaba las ceremonias.

Se conocen más de 200 santos que experimentaron la levitación. Entre ellos, santa Teresa de Ávila; el beato mexicano Miguel Agustín Pro, que por lo menos el día anterior a su último arresto (que lo llevó al martirio) fue visto por diversos testigos levitar en la Misa durante la Consagración; y la beata árabe María de Jesús Crucificado, que en su convento carmelita se enteraron de esto por primera vez cuando ella no se presentó a cenar y la maestra de novicias fue a buscarla y la encontró en el jardín, cantando y levitando.

Se hizo invisible

La facultad de tornarse invisible ha sido atribuida a muchos santos, como san José de Steinfeld, el bienaventurado Nevelo de Faenza, santa Bona de Pisa, san Luciano y san Francisco de Paula.

Sólo para satisfacer su curiosidad, se presentó un día la reina Violante, esposa del rey Juan de Aragón, en el convento en el que vivía san Vicente Ferrer, y quiso verlo en su celda. Él no accedió, pero ella ordenó que forzaran la chapa de la puerta y entonces entró. Pero no vio a san Vicente y se lo dijo a los frailes. Ellos estaba extrañados de que no pudiera verlo. Le preguntaron al santo: «¿Por qué, no aparecéis ante la reina, que os visita?». Y él contestó: «Yo nunca he permitido a mujer alguna que entrara a mi celda, ni a la misma reina; y Dios, para castigarla de haber entrado por la fuerza, tendrá sus ojos cerrados todo el tiempo que ella permanezca aquí, para impedir que me vea».

Hay pasajes de las Sagradas Escrituras que no son muy claros, pero que bien podrían entenderse considerando el fenómeno de la invisibilidad; como aquel en que, después de que Jesús hablara en Nazaret, «todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino» (Lc 4, 28-30). Y el de Jerusalén, cuando los judíos «intentaron nuevamente detenerlo, pero Él se les escapó de las manos» (Jn 10, 22-39).

Según las visiones que se le concedieron a la beata estigmatizada Ana Catalina Emmerick, Jesús más de una vez se hizo literalmente invisible a los ojos de sus enemigos. Cuenta así lo que vio respecto del pasaje de san Lucas: «Unos veinte fariseos lo rodearon a la salida… Él les dijo que lo dejasen libre porque los seguiría, y ellos marchaban rodeándole como guardias y mucho pueblo iba detrás… Con gritos sarcásticos y burlas fueron subiendo la pendiente de la ciudad. Jesús continuaba enseñando tranquilo… Llegaron a una pendiente alta… Una vez en el lugar pretendían primero preguntar y hacer hablar a Jesús para arrojarlo luego al precipicio… Cuando se acercaban al lugar, se detuvo Jesús, que estaba entre los fariseos, mientras ellos continuaron caminando… Jesús volvió sobre sus pasos y pasó por en medio del populacho que vociferaba sin verlo…Nada puede imaginarse más ridículo que la locura y la confusión que se originó entre los fariseos y demás cuando no vieron más a Jesús entre ellos… Terminaron culpándose unos a otros por haberlo dejado escapar».

Dice también la Beata que, cuando Judas fue con un grupo de soldados a apresar a Jesús en el monte de los Olivos, «el traidor les dijo que tuviesen cuidado de no dejarlo escapar, porque con medios misteriosos se había desaparecido muchas veces en el monte, volviéndose invisible a los que le acompañaban».

En dos lugares al mismo tiempo

El 21 de septiembre de 1774 san Alfonso María de Ligorio, obispo de Santa Águeda, se hallaba en su diócesis cuando repentinamente sufrió un desmayo: quedó por casi dos días sentado en una silla, como dormido en profundo sueño. Su gente lo estuvo vigilando todo el tiempo y, cuando despertó, le dijeron: «Monseñor, ya hace dos días que usted no habla, ni come, ni da señal alguna de vida». Y el santo respondió: «Ustedes pensaban que yo estaba durmiendo, pero no fue eso sino que fui a asistir al Papa, que ahora ya no se encuentra más en la lista de los vivos». En efecto, en breve se supo que el Papa Clemente XIV había fallecido el 22 de septiembre.

Cuenta un sacerdote de nombre Alberto, que conoció a san Pío de Pietrelcina en 1917, la siguiente anécdota: «Vi hablar al padre Pío mientras se encontraba de pie cerca de la ventana con la mirada fija sobre la montaña. Me acerqué a él para besarle la mano, pero él no se dio cuenta de mi presencia y tuve la sensación de que su mano estaba entumecida. Luego lo escuché con voz muy clara, en el momento en que dio la absolución a alguien. Después de un instante el padre se sacudió como si se despertara. Volteándose hacia mí, me dijo: ‘¿Estáis aquí?, no me enteré de ello’. Algún día después llegó de Turín un telegrama de agradecimiento al Padre Superior por haber mandado al padre Pío a asistir a un moribundo. Obviamente, el Superior no envió al padre Pío sino que éste lo visitó en bilocación».

Pero no parece que en las bilocaciones necesariamente ocurran esas pérdidas de conciencia en un lado mientras se está en otro lugar al mismo tiempo. Cuando la mamá de san José de Cupertino se estaba muriendo en su pueblo (Cupertino), el santo estaba en Asís y percibió la necesidad de su madre. Fray José se apareció en el cuarto de la moribunda delante de muchos testigos, y ella, al verlo, exclamó: «¡Oh padre José, oh mi hijo!», y murió instantáneamente. Cuando sus superiores le preguntaron en Asís por qué estaba llorando tan amargamente, el contestó que porque su madre acababa de morir.

La bilocación la experimentaron también san Antonio de Padua, el Papa san Clemente, san Francisco de Asís, santa Ludwina, san Francisco Javier, san Martín de Porres y san Juan Bosco, entre otros.

Más y más maravillas

Que el amor quema… literalmente

Los llamados «incendios de amor», fenómeno en el que el amor hacia Dios se manifiesta exteriormente bajo la forma de fuego que quema, incluso materialmente, la carne y la ropa cercana al corazón, pueden producirse en diversos grados:

1) Simple calor intenso.- Es un extraordinario calor del corazón que se expande a todo el organismo. Es clásico el episodio de la vida de san Wenceslao, duque de Bohemia. De noche visitaba el templo, y ahí se quedaba con los pies descalzos. A su ayudante, que le acompañaba, le recomendaba meter los pies en los zapatos calientes que él se había quitado, a fin de que el siervo no se congelara a causa de las bajas temperaturas del lugar.

2) Ardores intensísimos.- El fuego del amor divino puede llegar a tal intensidad que a veces es necesario utilizar medios refrigerantes para poderlo soportar. Se cuenta de san Estanislao de Kotska que era tan fuerte el fuego que lo consumía, que en pleno invierno era necesario aplicarle sobre el pecho paños empapados en agua helada. Santa Caterina de Génova no podía acercar su mano al corazón sin experimentar un calor intolerable.

3) La quemadura material.- Cuando el fuego del amor llega a producir incandescencias, las quemaduras se realizan plenamente. Es lo que se llama a pleno título «incendios de amor». El corazón de san Pablo de la Cruz, el fundador de la orden religiosa de los pasionistas, ardía de tal manera que más de una vez su túnica de lana aparecía completamente quemada por la parte del corazón.

Vivir sin comer


«No sólo de pan vive el hombre», respondió Jesucristo a Satanás cuando éste lo instaba a convertir en panes unas piedras con el pretexto de que saciara su hambre. Prueba de lo dicho por Jesús es la inedia (ayuno absoluto) experimentada por muchos hombres y mujeres de Dios.

Entre los casos más cercanos a nosotros en el tiempo figura el de la beata portuguesa Alexandrina Maria da Costa (1904-1955), una vivaz mujer que quedó paralítica a los 14 años tras arrojarse por una ventana para salvarse de ser violada por tres hombres. En su terrible condición creció enormemente en santidad, y vivió los últimos 13 años de su vida sin comer ni beber, pero recibía la Comunión cada día. Fue sometida a una observación exhaustiva por 40 días en un hospital de Oporto (Portugal), vigilada durante las 24 horas por testigos imparciales para que no tomara ningún alimento o bebida. Al final de la prueba ella había mantenido su peso, temperatura, presión arterial… Los médicos no pudieron encontrar ninguna explicación científica razonable.

La francesa Marthe Robin (1902-1981), una campesina que vivía con sus padres, enfermó de encefalitis a los 26 años de edad, lo que le paralizó todos los músculos, incluyendo los que le permitían deglutir los alimentos y bebidas. Así, postrada en la cama —y posteriormente ciega— no podría volver a tomar ni siquiera un vaso de agua el resto de su vida. Los médicos anunciaron su próxima muerte por inanición, y entonces sus padres llamaron al sacerdote para que la preparara en su último viaje. Pero fueron pasando los días y Marthe, que era muy piadosa, no murió: desafiando las leyes biológicas vivió 53 años sin comer ni beber. Su único alimento era una minúscula partícula de la sagrada Comunión, ya que no podía deglutirla, y que recibía una vez por semana. Conforme avanzaba en santidad, fue experimentando éxtasis, los estigmas de la Pasión, las heridas de la flagelación de Cristo y lágrimas de sangre, así como, a partir de 1932, la vigilia (ya no dormía), mientras dedicaba su existencia a interceder por los pecadores. Actualmente se encuentra en proceso de beatificación.

 Conclusión :

Diferencias entre  estos
FENÓMENOS  Y  LOS MORBOSOS.

Las diferencias se deducen especialmente :

  1. Del sujeto;
  2. De la diversidad de los fenómenos ;
  3. De los resultados.

1. Diferencias pop parte del sujeto.
Si comparamos los enfermos tocados de psiconeurosis con los extáticos, los primeros son unos desequilibrados en lo físico y en lo moral, mientras que los segundos se hallan, por lo menos en lo moral, perfectamente equilibrados.

A) Los primeros son desequilibrados, tanto en lo mental como en lo físico. Compruébase en ellos una disminución de la actividad intelectual y del poder de la voluntad : la conciencia queda alterada o suspensa; la atención se enfría; la inteligencia se aminora; la memoria se disgrega hasta parecer que hay un desdoblamiento de la personalidad; pronto no quedan en el espíritu más de unas pocas ideas fijas; de aquí proviene un
cierto monoideísmo cercano a la locura. Juntamente la voluntad se debilita; sobrepónense a ella las emociones; el paciente es juguete de sus caprichos, o de las sugestiones de una voluntad superior a él ; ya nunca es dueño de sí. Es, pues, una debilitación, una disminución de la personalidad, de las fuerzas intelectivas y morales

B) Todo lo contrario acaece en los místicos : su entendimiento se ensancha; su voluntad se fortalece; y tórnanse capaces de concebir y de llevar a cabo las más grandes empresas. Y a hemos visto, realmente, cómo adquieren mayor conocimiento acerca de Dios, de sus atributos, de los dogmas de la fe, acerca de sí mismos. Cierto que no pueden expresar todo lo que ven ; pero declaran con toda sinceridad haber aprendido, en unos pocos instantes de contemplación, mucho más que con el trato prolongado de los libros; y este convencimiento se traduce en un progreso real en la práctica de las más heroicas virtudes.

Véselos realmente ser más humildes, más caritativos, más sumisos a la divina voluntad,
aun en medio de las más duras tribulaciones, y gozan de un sosiego, una paz y una serenidad inalterables. ¡Cuán lejos se hallan de los desasosiegos y de los movimientos apasionados de los histéricos!

2° Diferencias por parte de los fenómenos.

No menores son las diferencias en el modo como se manifiestan los fenómenos en unos y en otros.

A) No hay cosa más triste ni más desdichada que las crisis histéricas:

1) La fase primera de ellas se parece a un ligero ataque de epilepsia, pero luego se distingue de ésta por la sensación de una bola que sube hasta la garganta, y que en sí no’ es sino un inflarse la garganta con sensación de ahogo, y una especie de silbido o zumbido que se siente en los oídos.

2) La segunda consiste en gestos desordenados, en contorsiones de todo el cuerpo, precisamente en arco de círculo.

3) La tercera es la de las actitudes pasionales de terror, de celos, de lubricidad en relación con la imagen o la idea que obsesiona.

4) Todo acaba en un acceso de llanto o de risa; es el estallido. — Pasada la crisis, el paciente se halla fatigado, sin fuerzas, y padece diversas indisposiciones.

B) ¡Cuán diferentes son, también en esto, los extáticos! Nada de convulsiones ni de agitaciones violentas; sino tranquila calma, arrebatamiento del alma íntimam ente unida con Dios, tanto que los testigos del éxtasis, por ejemplo, los que vieron a Bernardita en los momentos de tener las visiones en la gruta de Massabielle, no podían dominar el asombro. Por eso, como lo declara Santa Teresa, en vez de quedar rendido el cuerpo, cobra en el éxtasis nuevas fuerzas.

3o Diferencias por parte de los efectos.

Por lo que toca a los efectos, son éstos muy diferentes en uno y en otro caso.

A) En los histéricos, cuanto más se repiten las escenas descritas, tanto más crece el desequilibrio de las facultades : la disimulación, la mentira y la lubricidad es el resultado de las experiencias hechas en tan desdichadas víctimas.

B) Por el contrario, en los místicos, prodúcese un acrecentamiento constante del entender, de amor de Dios y de abnegación para con el prójimo. Cuando tienen ocasión de emprender obras o fundaciones, muestran tanto sentido, y un ánimo tan natural y
firme, una voluntad tan enérgica, que salen adelante con todo.

Santa Teresa, en vida, fundó, a pesar de tanta guerra como le hicieron, diez y seis conventos de mujeres y catorce de hombres; Santa Coleta fundó trece monasterios y levantó la disciplina en muchos otros; Madama Acaria, extática desde la edad de diez y seis años, estuvo casada treinta años, crió y educó a seis hijos, salvó la hacienda de su familia, puesta en peligro por los desaciertos de su marido, y, cuando viuda, ayudó a fundar el Carmelo en Francia; Santa Catalina de Siena, que murió de treinta y dos años y estuvo mucho tiempo sin saber leer ni escribir, representó tan importante papel en los negocios públicos de su tiempo, especialmente en la vuelta ¡de los Papas a Roma, que un escritor moderno la llama hombre de estado y muy grande hombre de estado’.

Claramente se echa de ver, pues, haber tales diferencias entre los histéricos y los estigmatizados que pretender igualarlos, es ir en contra de todas las reglas de la observación científica.

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