¿Por qué se necesitan milagros para canonizar?


  1. Porque solo Dios obra milagros y constituyen una confirmación divina de la santidad de la persona invocada, al margen de posibles errores humanos.
  2. Porque es de «importancia capital» conservar la necesidad de los milagros en las causas de canonización.

Probar la autenticidad de un hecho prodigioso requiere pasar por todo el rigor de un proceso de investigación y de un meticuloso examen científico y teológico, «actualmente para la beatificación de un siervo de Dios no mártir, la iglesia pide un milagro, para la canonización (también de un mártir) pide otro. Sólo los presuntos milagros atribuidos a la intercesión de un siervo de Dios o de un beato “post mortem” pueden ser objeto de verificación».

Se considera milagro aquel hecho que supera las fuerzas de la naturaleza, que es realizado por dios fuera de lo común de toda la naturaleza creada por intercesión de un siervo de dios o de un beato.

La investigación del milagro se lleva a cabo separadamente de aquella sobre las virtudes o sobre el martirio.

El itinerario procesal para reconocer un milagro se desarrolla en dos momentos:

  1. El primero en el ámbito de la diócesis donde ocurrió el hecho prodigioso –se recogen declaraciones de testigos oculares, documentación, etcétera;
  2. El segundo momento, la congregación examina todo este material.

Declarar la santidad de alguien no es como asignar un título honorífico aunque uno persona esté en el cielo, puede darse que no sea digno de un culto público.

Además, establecer la heroicidad de las virtudes, a través de todo el trabajo de recogida de pruebas testimoniales y documentales» y de «valoración teológica» hasta llegar a la «certeza moral y a la formulación del juicio», aunque sea «fundado, serio y preciso», no está exento de «posibles errores».

Los humanos podemos equivocarnos, engañarnos: los milagros en cambio sólo Dios puede realizarlos, y Dios no engaña».

En este sentido, los milagros son un «signo cierto de la revelación, destinado a glorificar a Dios, a suscitar y reforzar nuestra fe, y son también, por lo tanto, una confirmación de la santidad de la persona invocada. Su reconocimiento consiente por lo tanto otorgar con seguridad la concesión del culto. De aquí la «importancia capital de conservar su necesidad en las causas de canonización».

El rigor de la ciencia y del examen teológico.

 

Un órgano colegial constituido por cinco médicos especialistas y dos peritos de oficio forman la consulta médica, encargada del examen científico del presunto milagro. El juicio de aquellos «es de carácter estrictamente científico», por lo cual el hecho de que sean «ateos o de otras religiones no es relevante».

Su examen y discusión final se concluyen estableciendo exactamente el diagnóstico de la enfermedad, el pronóstico, el tratamiento y su solución. La curación, para considerarla objeto de un posible milagro, debe ser juzgada por los especialistas como rápida, completa, duradera e inexplicable según los actuales conocimientos médico-científicos».

El milagro puede superar las capacidades de la naturaleza en cuanto a:

  • En cuanto a la sustancia del hecho, (quoad substantiam)
  • En cuanto al sujeto o (quoad subiectum)
  • En cuanto al modo de producirse.  (quoad modum)

De aquí que se distingan tres grandes milagros:

  1. La resurrección de los muertos,
  2. La completa curación –que a veces puede presentar la reconstrucción de órganos— de una persona juzgada incurable
  3. La curación de una enfermedad –curable médicamente a largo plazo— de forma instantánea.

Se debe confirmar que la curación es completa, instantánea, inexplicable  y duradera.

Pero no sólo curaciones físicas pueden ser objeto de examen, sino también hechos prodigiosos de orden técnico, como ocurrió en el caso del milagro que abrió las puertas a la beatificación de sor María Petkovic.

Si se presentan incertidumbres, la consulta suspende la evaluación y pide otros peritos o documentaciones. Una vez alcanzada la mayoría o la unanimidad en el voto, el examen pasa a la consulta de los teólogos».

Éstos, a partir de las conclusiones de la Consulta Médica, «están llamados a identificar el nexo de causalidad entre las oraciones al siervo de Dios y la curación o suceso técnico inexplicable, y expresan el dictamen de que el hecho prodigioso es un verdadero milagro.

Cuando también los teólogos han expresado y redactado su voto, la valoración pasa a la Congregación de los Obispos y Cardenales quienes, tras escuchar la exposición realizada por un “ponente”, discuten todos los elementos del milagro: cada componente por lo tanto da su juicio, que hay que someter a la aprobación del Papa.

Será el sumo Pontífice finalmente quien determine el milagro y disponga la promulgación del decreto. Éste constituye un acto jurídico de la Congregación para las Causas de los Santos, sancionado por el Papa, por el que un hecho prodigioso es definido como auténtico milagro.

 

 

fuente: https://es.zenit.org/

La canonización más rápida de la historia


san Pedro Mártir

El primer caso de un papa que canonizó a un santo tuvo lugar en el año 993 y “la canonización papal era relativamente nueva” en la era de Pedro, escribe Donald Prudlo en su libro The Martyred Inquisitor: The Life and Cult of Peter of Verona [El inquisidor martirizado: vida y culto de Pedro de Verona].

Nacido en torno al año 1205, Pedro llegó a una familia de clase media en Verona, al norte de Italia, una región que durante mucho tiempo ha vivido conflictos violentos y agitación política. Una parte considerable de este tumulto derivaba de la hostilidad entre la Iglesia católica y sectas religiosas escindidas, como los heréticos cátaros.

Aunque Pedro tenía familiares que suscribían la doctrina cátara, su familia pagó para que recibiera una educación de profesores católicos. Siendo joven, se matriculó en la Universidad de Bolonia. Su familia confiaba en que hiciera carrera en derecho o en el gobierno, pero estando en Bolonia empezó a abrazar su fe católica y se unió a la recién establecida Orden dominica. Fue ordenado sacerdote en el año 1228 o 1229.

Entre los logros de Pedro está el establecimiento de un servicio de ambulancia voluntario que continúa funcionando hoy día. Además, empezó a ganarse una reputación de orador público fascinante. Y el centro de su apasionada predicación era contra las sectas heréticas, como los cátaros, a quienes los dominicos en particular consideraban anatema.

Por la efectividad de su oratoria, Pedro ganó un estatus significativo en la Iglesia y con el tiempo llegó a ser inquisidor para la región de Lombardía, Italia. Este producto de entorno cátaro era ahora el anti-cátaro más prominente de su tierra y, a ojos de muchos, “no podría haber presentado un espectáculo más odioso”, escribe Prudlo. De modo que los enemigos de Pedro empezaron a urdir un plan para silenciarlo.

El 6 de abril de 1252, a las afueras de Milán, un asesino de parte de los cátaros emboscó a Pedro y le atacó con un arma parecida a un machete llamada falcastro. Dice la leyenda que Pedro pronunció el Credo apostólico en el poco tiempo entre la primera herida y cuando el asesino asestó el golpe fatal.

Algunas fuentes sostienen que el agonizante Pedro hundió los dedos en sus heridas y usó su propia sangre para escribir las primeras palabras del Credo apostólico (“Credo in Deum”) en el suelo. Un relato tan dramático probablemente es apócrifo. En cualquier caso, el compañero de viaje de Pedro, otro dominico, también fue gravemente herido y sucumbió a sus heridas varios días más tarde.

El asesino, Carino de Balsamo, logró escapar. Más tarde se arrepintió de sus actos asesinos y entró en un monasterio dominico, donde permaneció como devoto penitente laico hasta el final de su vida.

Aunque el asesinado Pedro tenía muchos enemigos, también disfrutó de un culto local de fervorosos defensores. Y se le han atribuido milagros incluso en vida. Además, para la jerarquía de la Iglesia, su vida franca y su violenta muerte ofrecían un ejemplo cautivador de un luchador caído contra los herejes.

El 9 de marzo de 1254, solo 337 días después de su muerte, Pedro de Verona fue canonizado por el papa Inocencio IV. El récord anterior de canonización más rápida había pertenecido a Antonio de Padua, que entró oficialmente en la santidad 352 días tras su muerte en junio de 1231.

Pedro fue enterrado en la basílica de San Eustorgio, en Milán, donde se conservan sus reliquias, incluyendo su cabeza, que aún muestra indicios de las heridas craneales que sufrió. Debido a las circunstancias de su muerte, a menudo es representado con un cuchillo clavado en la cabeza y su patronazgo incluye a los que sufren dolores de cabeza.

La fecha de la muerte de Pedro, el 6 de abril, no se utilizó para su festividad porque podría entrar en conflicto con la Pascua. Así que su fiesta es el 29 de abril y la Iglesia la celebró universalmente hasta 1969, cuando fue suprimida del calendario.

El récord de Pedro por su camino más rápido a la santidad se ha mantenido durante casi 800 años. Dado que la canonización moderna es un proceso muy sofisticado –que incluye una extensa investigación del pasado del candidato, de su santidad y de la legitimidad de los pretendidos milagros–, es probable que el récord de Pedro se mantenga al menos otros ocho siglos.

 

Cortesía de  https://es.aleteia.org

¿Qué es el “Nihil Obstat” y el “Imprimatur”?


Nihil Obstat: Expresión latina que significa ‘nada se opone’, ‘no hay objeción’, usada como fórmula con la que el censor hace constar la aprobación eclesiástica de un libro para su publicación.

nihil obstat mprimatur

Hoy en día, cualquier persona puede publicar libros tratando de cualquier tema. Son muy comunes los temas de religión, espiritualidad, etcétera. Toda la gente puede tener puntos de vista diversos, pero hay que saber que escritos van de acuerdo a lo que nosotros, como católicos, creemos. Hay muchisimos libros que van en contra de nuestra fe católica. Entonces,

¿cómo saber que libros podemos leer?

La Iglesia otorga “licencias” para ciertos libros que, después de revisados, se ha comprobado que no tienen errores doctrinales o morales. Al ver dichas licencias, el cristiano puede estar seguro de que lo que esta leyendo es sano. Es importante que sepamos identificar estos permisos.

Entre ellos estan el “Imprimi Potest”, el “Nihil Obstat” y el “Imprimatur”.

Imprimi Potest

Aprobación oficial por el superior mayor de una orden religiosa o congregación católicas del contenido de una obra escrita por uno de los miembros, necesaria antes de autorizar su publicación. Indica que la obra de un miembro de la orden ha sido aprobada por sus superiores y puede ser objeto, ante el obispo de la diócesis, de la solicitud de permiso para imprimir.

Nihil Obstat

Este sello indica que la obra ha sido escudriñada y aprobada por el censor de la diócesis sin encontrar en ella ningún error doctrinal o moral. El censor suele ser un sacerdote educado, nombrado por el obispo. Su tarea implica la interacción con el autor hasta asegurarse de que éste haya corregido su obra de acuerdo con las indicaciones recibidas. Los autores pueden elegir someter su obra al obispo de la diócesis donde residen, en lugar del de aquella donde se pretende darla a la imprenta.

Imprimatur

Etim. Latín. imprimere, imprimir

Palabra latina que significa “sea imprimido”. Significa la aprobación del obispo para la publicación de una obra de fe o moral. Los autores tienen la libertad de obtener el imprimatur del obispo de la diócesis donde residen o de la diócesis donde se va a imprimir o publicar la obra. Generalmente el imprimatur junto con el nombre del obispo y la fecha de aprobación aparece en la obra publicada.

Según el decreto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (1975), “Los Pastores de la Iglesia tienen el deber y el derecho de ser vigilantes, no sea que se dañe la fe y la moral de los fieles por escritos; consecuentemente aun de exigir que la publicación de escritos concernientes a la fe y la moral deban ser sometidos a la aprobación de la Iglesia y también de condenar libros y escritos que ataquen la fe y la moral”.

Cuando un católico adquiere un libro relativo a la fe debe cerciorarse que contenga el Nihil Obstat e Imprimatur, “porque hay muchas obras que se publican con ideas erróneas o confusas”, ajenas a la enseñanza de la Iglesia.

“Esta situación toma mayor relevancia en la actualidad porque, debido a la proliferación de orientaciones religiosas, cualquier persona puede escribir un libro argumentando que ha sido inspirado por el Espíritu Santo, por María Santísima o por algún santo, y se trata de ideas personales con fines, la mayoría de las veces, comerciales”, señaló en declaraciones al Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME).

“El Nihil Obstat (Nada impide para que se publique) es la aprobación del obispo de la diócesis correspondiente –o de un delegado nombrado por él para tal fin–a una obra que desde el punto de vista moral y doctrinal aspira a ser publicada como católica”.

Mientras que el Imprimatures la declaración oficial de la Iglesia Católica de que una obra literaria o similar está libre de error en materia de doctrina y moral católica, y por lo tanto se autoriza su lectura para los fieles; éste se otorga después del Nihil Obstat.

El Nihil Obstat se otorga luego que un especialista nombrado por el Obispo “estudia a profundidad el texto y determina si los contenidos son acordes con la doctrina universal de la Iglesia; en caso contrario, se hacen las observaciones correspondientes para que el autor realice las correcciones necesarias”.

Luego de las correcciones señaladas, se otorga el Nihil Obstat, pidiendo al obispo, que otorgue el Imprimatur, en las obras católicas, estos documentos aparecen en las primeras páginas”.

Además de los catecismos, estos sellos son necesarios para “cualquier otra obra que quiera ser fiel a la fe de la Iglesia, como devocionarios, libros de reflexión, de espiritualidad, de liturgia, de pastoral, de enseñanza bíblica, vidas de santos o cualquier otro género literario que tenga su base en la doctrina católica, su interpretación o enseñanza, y aquellos que conciernen a orientaciones sobre distintos aspectos de la ética o moral aplicadas a la vida cotidiana de los cristianos”.

 

Cortesía

https://www.aciprensa.com/

http://www.corazones.org/diccionario/nihil_obstat.htm

Diferencias entre una beatificación y una canonización


Las seis diferencias entre una beatificación y una canonización

  • El número de milagros, quién celebra la misa o donde se le venera diferencian mucho a alguien que ha sido beatificado de uno canonizado.
  • A rasgos generales, se puede decir que una canonización es un proceso más avanzado que una beatificación.
  • Francisco, "feliz" de proclamar la "santidad" de Juan Pablo II
    Francisco, “feliz” de proclamar la “santidad” de Juan Pablo II EFE

Entre una canonización y una beatificación hay diferencias, que aunque pocas, son claras.  Aún así, hay una fina línea entre ambos procesos y puede llevar a la confusión. A rasgos generales, se puede decir que una canonización es un proceso más avanzado que una beatificación. Una beatificación proclama a alguien como beato, una canonización lo proclama como santo. Antes de que alguien sea canonizado, tiene que haber sido antes beatificado.

1. Diferencia entre beato y santo. En una canonización, se proclama a alguien como santo y se le incluye en el canon, es decir, entra en una lista oficial de santos. Una persona canonizada tiene la confirmación de que tiene una visión beatífica, es decir, la Iglesia tiene la certeza de que el santo tiene un privilegio divino y está en contacto directo con Dios. En una beatificación, lo que se reconoce es que alguien ha entrado en el cielo y puede interceder por aquellos que rezan en su nombre. Al nombrar a alguien beato, la Iglesia reconoce que ha llevado una vida virtuosa y santa.

2. El número de milagros. En una beatificación, se necesita por lo menos un milagro atribuido al candidato, a menos que este haya muerto por martirio. Para una canonización, se necesitan dos milagros. El primero, el que ya se ha contabilizado para la beatificación y el segundo, uno que haya tenido lugar después de que fuera beatificado. Este segundo milagro se toma como una confirmación de que Dios “aprueba” de la proclamación hecha por la Iglesia.

3. Dónde se le venera. La beatificación es un “proceso administrativo” mediante el cual el papa permite que un candidato a ser santo sea venerado públicamente en lugares asociados a su vida, es decir “a pequeña escala”. En el caso del papa Juan Pablo II, ya beato, su festivo, el 22 de octubre, puede celebrarse en Roma y en todas las diócesis de Polonia, lugares asociados a él.

La canonización implica una mayor formalidad, el papa establece de forma oficial que una persona es santa y está en el cielo, por lo que se permite el culto al santo por toda la Iglesia. Implica también que se pueden dedicar iglesias al canonizado sin necesidad de un permiso especial. Es decir, la persona considerada “santa” ya lo es a nivel mundial y se le puede venerar en todo el planeta, no sólo en sitios relacionados con su vida.

4. Quién pide el reconocimiento. En una beatificación, es el obispo de la diócesis donde murió el afectado quien pide que se le considere bendecido. En una canonización, es el prefecto de la Congregación para las causas de los Santos quien habla en nombre de la Iglesia entera y quien pide que se le declare santo. Es decir, una beatificación se hace a título personal de la diócesis cercana al encausado, una canonización se hace a petición de toda la Iglesia.

5. Quién preside la misa. Dentro del protocolo, la diferencia más importante durante cientos de años fue que durante una canonización el papa presidía la misa. Durante una beatificación, no. Pero durante el pontificado de Pablo VI, esta línea se difuminó cuando presidió en 1971 la misa de beatificación de Maximiliano Kolbe, mártir en un campo de concentración nazi.

Una práctica de presidir ambos tipos de misas que mantuvo el papa Juan Pablo II, que celebró cientos de misas de beatificación, incluida la de Juan XXIII en el año 2000. Benedicto XVI intentó instaurar de nuevo la diferencia entre ambos y, durante cinco años, sólo presidió misas de canonización. Pero en septiembre de 2010 presidió la beatificación de John Henry Newman y, en mayo de 2011, de Juan Pablo II.

6. La beatificación es un proceso simplificado. Las beatificaciones comenzaron como un proceso de simplificación para aquellos a quienes se les quería proclamar santos. Cuando se instauró el sistema centralizado de nombramiento de santos, muchas diócesis tenían que esperar años hasta poder celebrar a alguien o rendir devoción a nivel local a una persona considerada santa por lo que se instauró el proceso de beatificación, más rápido, para que se pudiera rendir devoción a alguien a nivel local.

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Feliz día de la VIDA CONSAGRADA


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Todos los católicos estamos llamados al seguimiento de Cristo. Por el bautismo nos hacemos Hijos de Dios, Hermanos de Jesucristo y Templos vivos del Espíritu Santo. Por lo tanto, la vida de los católicos, si quieren ser fieles y coherentes con su bautismo no puede ser la misma que la de una persona no bautizada. La imitación de Cristo será la tarea fundamental en su vida.

Sin embargo, hay personas que por una invitación especial de Dios, bajo una moción del Espíritu Santo, se proponen seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y procurar que toda su vida esté al servicio del Reino. Esto es lo que se llama en la Iglesia católica, la vida consagrada.

Las personas que asumen libremente el llamamiento a la vida consagrada viven los así llamados consejos evangélicos por amor al Reino de los cielos. Los consejos evangélicos son la pobreza, la castidad y la obediencia. Se les llama consejos evangélicos porque fueron predicados por Cristo en el evangelio y aparecen como una invitación para seguir más de cerca el camino que Él recorrió en su vida. Si bien todos los católicos estamos llamados a vivir estos tres consejos, la persona consagrada lo hace como una manera de vivir una consagración “más íntima” a Dios, motivado siempre por dar mayor gloria a Dios. La pobreza es el desprendimiento de todo lo creado para utilizarlo de forma que pueda dar mayor gloria a Dios. La castidad es lograr que toda nuestra persona: inteligencia, voluntad, afectos y cuerpo estén dominados por nosotros mismos. Y por último, la obediencia, es el sometimiento de la voluntad propia a la voluntad de Dios, a través de los superiores legítimos, representantes de Cristo para el alma consagrada.

Las personas consagradas a Dios pueden vivir su consagración de muy diversas formas y así vemos como a lo largo de la historia de la Iglesia, desde las primeras comunidades cristianas en el Asia Menor hasta los florecientes centros urbanos de nuestros días, la vida consagrada asume diversidad de formas. Las hay de aquellos que se dedican a la oración y a la contemplación en un lugar apartado de toda civilización. Hay quienes inmersos en el mundo, viven su consagración entre las más diversas actividades de la vida diaria. Todas estas formas de consagración las podemos agrupar en las siguientes divisiones:

    • Vida Eremítica
    • Vírgenes Consagradas
    • Vida Religiosa
    • Institutos Seculares
    • Sociedades de Vida Apostólica

fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/9397/la-vida-consagrada.html

REQUISITOS PARA REGISTRAR UN MILAGRO


REQUISITOS PARA REGISTRAR UN MILAGRO

  1. La invocación debe ser inequívoca, unívoca, coral, (al mismo tiempo), eclesial, Que sea la única intercesora ante Dios, (es necesario que no encomiende a otros intercesores celestiales). La invocación debe haber sido hecho al pedir explicitamente la intersección del Siervo de Dios, para obtener el milagro.
  2. La invocación debe ser anterior al evento considerado milagroso. Debe preceder al cambio favorable al cuadro clínico.
  3. Que haya una evidencia del médico por escrito, (que certifique que la sanación ocurrida no tiene explicación científica, medicamente hablando).
  4. Que el milagro-sanación tenga durabilidad en el tiempo. (ejemplo si se le ha devuelto la vista a un ciego, que dure de dos años en adelante la manifestación de la sanación).

Características de los milagros.

Para que un suceso sea considerado como milagros debe tener las siguientes característica:

  1. INSTANTÁNEO (debe ser extremadamente rápido respecto del tiempo previsible de curación que se considera normal.)

  2. DURADERO EN EL TIEMPO

  3. COMPLETO

  4. PERFECTO, ESTABLE (sin recaídas o reincidencias)

  5. INEXPLICABLE PARA LA CIENCIA

Una curación considerada inexplicable que haya sido desaprobada tres veces, no puede ser presentada de nuevo. Si por tres veces el organismo que examina las curaciones da un resultado suspensivo o negativo, el caso no puede ser presentado nuevamente.

Cuando los hechos atribuidos a la intercesión de un Venerable Siervo de Dios o beato no cumplen las condiciones señaladas, porque no se han podido demostrar,  o porque son cuestiones de carácter espiritual, etc., se denominan gracias y favores.

SELECCIÓN DE PRESUNTOS MILAGROS

  • Evitar la fantasía o de la superstición y distinguir favores o gracias de posibles milagros = caso explicable según las leyes de la naturaleza.
  • No son admitidos los hechos extraordinarios de orden moral (p. ej., la conversión de
    un pecador empedernido, la pacificación de una familia, el abandono de un vicio, como la droga o el alcohol, etcétera).
  •  Hay que centrar la investigación solamente sobre los fenómenos extraordinarios de orden físico. Entre ellos, los fenómenos más comunes suelen referirse a curaciones prodigiosas después de la invocación a un siervo de Dios o a un beato.

4. INVESTIGACIÓN PREVIA

  • a) Ante todo hay que pedir a la persona curada o a los padres, si se trata de un niño, una relación escrita, lo más minuciosa y detallada posible, sobre los siguientes datos: síntomas de la enfermedad; diagnóstico y pronóstico de los médicos; eventuales curas; desarrollo de la enfermedad; a quién se encomendó el enfermo; si la curación fue instantánea; controles médicos después de la curación. Si se trata de una persona poco culta, el postulador, u otra persona, podrán ayudarle a redactar dicha relación.
  • b) Si en dicha relación se encuentran elementos suficientes para pensar que se trata de un milagro, hay que empezar a recoger todos los documentos posibles relativos al caso. Si la persona curada estuvo ingresada en alguna clínica u hospital, hay que pedir el historial clínico de dichos centros y los certificados de los diversos exámenes radiológicos, de laboratorio, etc. Hay que abundar en detalles, en especial el historial. Es necesaria una copia íntegra del historial, donde, además del diagnóstico y del pronóstico, se detalla día a día el curso de la enfermedad y las medicinas usadas. Recuérdese que por razón del secreto profesional, tiene derecho a exigir la documentación médica sólo el enfermo, o los padres, si se trata de un menor de edad. En el caso de que no existiera historial médico, habrá que obtener, por lo menos, una relación del médico o médicos que trataron al paciente.
  • c) Obtenida la relación y toda la documentación relativa al caso, conviene consultar a un especialista en la enfermedad de que se trata, para que diga si existe alguna explicación natural según la ciencia. En la práctica lo mejor es que los actores envíen toda la documentación al postulador de Roma, el cual, además de la experiencia, tiene medios para consultar a algunos de los médicos que forman parte de la Consulta de la Congregación. El indicará sí vale la pena o no instruir un proceso. El perito de Roma ayuda también a redactar los interrogatorios, de los que hablaremos más adelante.

SOLICITUD DEL POSTULADOR

En el caso de que el hecho extraordinario atribuido a un determinado siervo de Dios, realizadas las investigaciones previas y consultado algún médico competente, presente las características de un posible milagro el postulador dirige una solicitud a la autoridad competente, adjuntando a ella:

1) Un informe detallado del caso;
2) La declaración escrita del presunto agraciado;
3) Una lista de testigos, entre los que no pueden faltar los médicos que trataron al
enfermo, y los familiares del mismo;
4) Toda la documentación recogida hasta el momento;
5) El dictamen de un perito, si existe (cf. art. 38).

PASOS PARA EL REGISTRO

  1. Dar seguimiento a cada caso que se presente
  2. Narrar, por escrito el favor o milagro recibido,  especialmente por la persona beneficiada o si es bebe o niño por los familiares mas cercanos. En dicha descripción tiene que quedar de manifiesto que solo fue encomendado a  la intercesión de la Sierva de Dios. 
  3. Solicitar a los familiares o a la persona beneficiada directamente por el favor o milagro, que haya archivando todos los originales de las evidencias médicas;  es decir todo comprobante de los estudios realizados: sean radiografías, tomografías, diagnósticos; todo por escrito. De grandísima importancia es solicitar al médico su certificación en la cual exprese que la ciencia médica no tiene explicación de dicho evento.
  4. Enviar al correo electrónico de la causa de beatificación toda la información, además enviar los documentos con original y dos copias, vía correo postal.  (también el beneficiado debe quedarse con otra copia).
  5. Acompañar el informe preferentemente con fotografías y si existen algún vídeo que manifieste dicha sanación, servirá para clarificar las pruebas.

Las 4 vías de beatificación y canonización.


Hasta julio de 2017, existían tres caminos por los que una persona podría ser elevada a la categoría de beato o santo:

  1. El martirio para personas asesinadas por odio a la fe;
  2. La práctica de forma heroica de las virtudes; y, por último,
  3. La canonización equivalente, fruto de la devoción hacia el candidato y fórmula por la que el Papa confirma un culto que ya existente.

Con esta carta apostólica con forma de Motu Proprio titulada “Maiorem hac dilectionem”, El papa Francisco introduce una nueva ví­a a mitad de camino entre el martirio y las virtudes heroicas. A diferencia de la vía del martirio sí requiere de un milagro atribuido a la intercesión de la persona para su beatificación y otro para su canonización.

Así pues el Papa Francisco abre una nueva vía para alcanzar la santidad.

La cuarta vía se llama

“La vía del ofrecimiento de la vida”. 

Reconoce la santidad de quienes han ofrecido su vida por el Evangelio y por los demás y han fallecido como consecuencia de ello. Sería, por ejemplo, el caso de una persona que se ha consagrado al cuidado de leprosos, se ha contagiado y muerto por esa enfermedad.

fuente:

https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2017/07/11/hac.html

https://www.romereports.com/2017/07/11/el-papa-aprueba-una-nueva-via-para-alcanzar-la-santidad/

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Milagros, gracias y favores


Periódicamente se dan a conocer hechos sobrenaturales, de carácter inexplicable científicamente, atribuidos a la intercesión de un Siervo de Dios o un beato, que manifiestan la cercanía de Dios.

La Congregación para las causas de los santos de Roma, recuerda que la fama de santidad y la de gracias atribuidas a la intercesión de los Siervos de Dios es verdaderamente el motor de los procesos de beatificación y de canonización.

Que Dios desee conceder gracias y favores espirituales y materiales a través de la intercesión de los santos y de quienes van camino de serlo. Es una manifestación del dogma de la comunión de los santos que repetimos los cristianos desde los albores del cristianismo los domingos en el símbolo de la fe, y manifiesta la comunión entre la Iglesia de los que están en el cielo, en el purgatorio y en la tierra.

Finalmente, la Iglesia distingue entre los milagros necesarios, como vox Dei, que confirman que un venerable Siervo de Dios o un beato han de ser añadidos al catálogo de los santos y se les puede dar culto público general restringido a un determinado ámbito o conjunto de diócesis, familia espiritual, etc.

Para que el Santo Padre pueda autorizar el decreto de un milagro se debe haber estudiado que es hecho extraordinario, que se atribuye a la intercesión unívoca de un beato o un Venerable y cumple las determinaciones que marca el derecho canónico: La curación debe ser instantánea. Es decir, que en el caso concreto que se investiga:

El tiempo de la curación

debe ser extremadamente rápido respecto del tiempo previsible de curación que se considera normal.

La curación debe ser perfecta

Debe ser estable y duradera, sin reincidencias o recaídas

Cuando los hechos atribuidos a la intercesión de un Venerable Siervo de Dios o beato no cumplen las condiciones señaladas, porque no se han podido demostrar,  o porque son cuestiones de carácter espiritual, etc., se denominan gracias y favores.

Según la teología católica los milagros, gracias y favores, son un signo de la providencia amorosa de Dios y una manifestación, por tanto, de su misericordia en favor de sus hijos los hombres.

José Carlos Martín de la Hoz

José Carlos Martín de la Hoz, Teología del milagro y Causas de canonización, en Ius communionis, 5 (2017) 123-142.

Mas sobre los milagros

Mas estas cosas que se realizan divinamente alguna vez fuera del orden comúnmente establecido en la naturaleza, suelen llamarse “milagros”; porque nos “admiramos” cuando, viendo el efecto, ignoramos la causa. Y como una misma causa es a veces conocida por unos e ignorada por otros, de ahí resulta que, entre quienes ven un efecto simultáneamente, unos se admiren y otros no. Por ejemplo, el astrólogo no se admira viendo un eclipse de sol, porque conoce la causa; sin embargo, quien desconoce esta ciencia, ignorando la causa, ha de admirarse necesariamente. Así, pues, hay algo admirable para éste y no para aquél. Luego será admirable en absoluto lo que tenga una causa absolutamente oculta. Y esto significa la palabra “milagro”, a saber, lo que “de sí está lleno de admiración”, y no con respecto o éste o a aquél. Es así que la cace absolutamente oculta a los hombres es Dios, porque ya se probó (c. 47) que ningún hombre puede comprender intelectualmente la esencia divina en el estado actual de vida. Luego serán propiamente milagros las cosas que divinamente se realizan fuera del orden comúnmente observado en la naturaleza.

Mas hay diversos grados y órdenes de estos milagros.

  1. MILAGROS DE PRIMER GRADO

Estos milagros se llaman milagros en cuanto al fondo (quoad substantiam).

Porque ocupan el grado supremo entre los milagros aquellas cosas en que Dios realiza le que jamás puede hacer la naturaleza, como que dos cuerpos estén simultáneamente en un solo lugar, cine el sol retroceda o se pare, que el mar se divida ofreciendo camino a los transeúntes. Y entre estas cosas se ha de considerar también el orden, porque cuanto mayores son las cosas realizadas por Dios y más alejadas están del poder de la naturaleza, tanto mayor es el milagro. Como mayor milagro es el retroceso del sol que la división del mar.

Un evento está por encima del curso de la naturaleza y más allá de sus fuerzas productivas: en lo que respecta a su naturaleza sustancial, es decir, cuando el efecto es de tal naturaleza que ningún poder natural podría hacer que se cumpla en cualquier manera o forma alguna, como por ejemplo,

  • la elevación a la vida del hijo de la viuda (Lucas 7),
  • o la cura del ciego de nacimiento (Juan 9).

2. MILAGROS EN SEGUNDO GRADO

El segundo grado concierne al sujeto (quoad subiectum):

Ocupan el segundo grado entre los milagros las cosas en que Dios realiza algo que incluso puede realizar la naturaleza, pero no por el mismo orden. Pues obra de la naturaleza es que determinado animal viva, vea y camine; pero que tras la muerte viva, tras la ceguera vea y tras la cojera camine, tal no puede hacer la naturaleza, sino que lo realiza Dios alguna vez milagrosamente. Y en esto también se ha de considerar el orden, mirando a que lo que se hace esté más alejado del poder de la naturaleza.

En cuanto a la forma en que se produce el efecto es decir, donde puede haber fuerzas de la naturaleza, amueblada y capaz de producir el efecto considerado en sí mismo, sin embargo, el efecto se produce de una manera totalmente diferente de la manera en que naturalmente debe ser realiza, es decir, instantáneamente, por una palabra, por ejemplo,

  • la curación del leproso (Lucas 5).

la enfermedad de una persona es considerada incurable, durante su proceso puede haber destruido incluso huesos u órganos vitales; en este caso no sólo se verifica la completa curación, sino también la reconstitución integral de esos órganos (restitutio in integrum). El poder de Dios se muestra en el milagro: directamente a través de su propia acción inmediata o mediatamente a través de criaturas como medios o instrumentos.

 

3. MILAGROS EN TERCER GRADO

Estos se llaman milagros en cuanto a la forma de su producción (quoad modum).

Se da el tercer grado de milagros cuando Dios realiza lo que ordinariamente obra la naturaleza, pero sin contar con los principios operantes de la misma; como cuando alguien es curado por virtud divina de una fiebre naturalmente curable y cuando llueve sin que intervengan los principios naturales.

Cuanto la curación de una enfermedad, que la medicina podría haber conseguido solamente después de un largo periodo, se da instantáneamente.

 

Fuente: http://santotomasdeaquino.verboencarnado.net/capitulo-ci-de-los-milagros/

Características en las Personas Místicas. Desposorio Místico y Matrimonio Espiritual.


 

Quién es una persona mística.

La primera fuente de los fenómenos místicos -la única y exclusiva de los verdaderos– es el mismo Dios como autor de lo sobrenatural. Estos se desarrollan en tres campos ó varios de ellos a la vez:

  1. El intelectual,
  2. El afectivo,
  3. El orgánico.

El poder Divino no reconoce otros límites que los del mal moral ó del absurdo.

Los místicos de verdad, dice M. deMontmorand ‘, son gente de obra y de acción, no de puro discurso y teoría. Tienen el don de la organizació

 

n y del mando, y se muestran con muy buena disposición para los negocios.

MISTICOS DIOS

 CARACTERÍSTICA COMÚN DE LOS MÍSTICOS

Característica común a los místicos de todas las tradiciones es que son personas que han «visto», han «oído», han «gustado», en una palabra, han entrado, frente a la realidad última: Dios, lo Divino.

El místico es alguien que ha entrado en contacto personal, vivido, con la realidad última a la que todas esas «piezas» del sistema remiten.

El místico se caracteriza, en primer lugar, por vivir personalmente y, en este sentido, experimentar el reconocimiento de esa Presencia de la que viven las religiones.

En este sentido, el místico religioso es alguien que, nacido generalmente en una tradición y un sistema religioso, no se contenta con incorporar las noticias, el conocimiento que sobre el Misterio procuran las creencias, los ritos y las instituciones de su propia religión, sino que rehace personal, experiencialmente, el proceso originario de toma de contacto personal con el Misterio que ha cristalizado en el sistema de mediaciones de la propia
religión.

Es, pues, místico, en todas las tradiciones religiosas, quien en un momento determinado de su vida confiesa:

«Hasta ahora sabía de ti de oídas; ahora te han visto mis ojos» job 42,5);
«Lo que habíamos oído, lo hemos visto» (Sal 48,9).

A eso se refieren los místicos cuando, intentando comunicar lo que han vivido, apelan
a la experiencia de sus destinatarios como condición indispensable para que comprendan: «Quien lo ha visto, comprende», decía Plotino. «Quien no ha experimentado esto, no lo comprenderá bien»!.

Así pues al hablar de experiencia como un rasgo característico del conjunto de los fenómenos místicos me refiero a que en todos ellos estamos ante hechos en los que los sujetos han vivido algo, han intervenido personalmente, o, mejor, les ha ocurrido algo personalmente.

teresa de avita juan de la cruz mistica

Pero

¿en qué ha consistido esa experiencia?,

¿qué la caracteriza como acto o vivencia personal?

Características de una experiencia mística.

Es bien conocida la insistencia de santa Teresa en la experiencia como camino para el conocimiento de Dios; unánimemente se le ha reconocido una maestría asombrosa en la expresión y la relación de sus propias experiencias.

Su maestro de lecturas espirituales Francisco de Osuna, en Tercer Abecedario, había escrito:

«El Maestro de esta sabiduría del corazón [ … ] es sola la experiencia [ … ] los no experimentados entienden las tales cosas si no las leen más expresamente en el de la experiencia».

De él se hace eco la santa cuando escribe a  monjas:

«¡Oh, hijas mías, Dios nuestro Señor a entender o por mejor decir gustar -que de otra manera no se puede entender- qué es del gozo del alma cuando está ansi!,. «Esto es visto por experiencia~que es otro negocio que sólo pensarlo y creerlo». 

Por eso su obra esta plagada de referencias a su experiencia espiritual, como apoyo para sus afirmaciones, para sus consejos y, fundamentalmente, para la verdad de lo que dice:

«Esto entiendo yo y he visto por experiencia»;

«de lo que yo tengo experiencia puedo decir»;

Más generalmente, sus afirmaciones van con suma frecuencia precedidas de la confesión:

«Esto tengo yo por experiencia»;

«no diré cosa que no haya experimentado mucho,

Esta experiencia es para ella

«un conocimiento directo, sabroso, en que se llega a saber algo, no por noticia objetiva, sino por haberlo vivido o padecido en el propio ser».

La naturaleza del conocimiento, distinto del abstracto por representaciones y nociones, y de la creencia, está perfectamente formulado por Santa Teresa, cuando, refiriéndose a la conciencia que ha tenido de la presencia del Señor, sin representación ni apoyo perceptivo, conciencia que la ha llevado a reconocerle «como si le hubiese visto», da como razón…

Resumiendo este primer rasgo, común a todas las formas del, fenómeno místico, para nosotros un místico es alguien que, ha mantenido en algún momento una relación personal vivida que le lleva o le ha llevado a decir:

«Lo he visto con mis propios ojos»; «A partir de ahora y pase lo que pase ya se»;

M. de Certeau resumía lo esencial de esta experiencia en una fórmula sugerente:

«Es místico aquel o aquella que no puede dejar de caminar y que, con la certeza de lo que le falta, sabe de cada lugar y de cada objeto que no es eso; que no es posible fijar ahí la residencia, que no es posible contentarse.

Las obras fundadas por los místicos, ábrense camino y perduran. En el concebir y llevar al cabo sus empresas, dan pruebas de prudencia y de osadía, así como de buen tino al juzgar las probabilidades de feliz éxito : nota característica del sentido común. El sentido común es verdaderamente el resorte suyo principal: sentido común al que no turba ninguna exaltación intempestiva, ningún desorden de la imaginación,y que va junto con la más extraordinaria agudeza de entendimiento”.

¿No vemos en realidad, cuando leemos la Historia de la Iglesia, que la mayoría de los santos que han escrito de cosas del espíritu fueron personas de ciencia y de acción a la par?

Testigos de ello son Clemente de Alejandría, S. Basilio, S. Crisóstomo, S. Ambrosio, S. Agustín, S. Gregorio, S. Anselmo, S. Bernardo, el Beato Alberto el Grande, Santo Tomás, S. Buenaventura, Gersón, Santa Teresa, S. Francisco de Sales, S. Vicente de Paúl, el Cardenal, liérulle, M me Acarie, y otros muchos que sería muy largo enumerar. La contemplación, lejos de ser un impedimento para la acción, la ilumina y dirige.

Desposorio Místico

Unión espiritual, promesa o “matrimonio” entre Dios y un alma que ha purgado sus culpas y pecados. Pero quizás para encontrar un significado mas profundo tendríamos que recurrir a un autor clásico como es Fray José del Espíritu Santo, que dice

«el Desposorio Místico es una íntima comunicación de Dios al alma, perfectamente purificada, disponiéndola de inmediato para el matrimonio místico»

(Cursus, IV, Brujas 1931, 187).

desposorio mistico

En realidad es todo un proceso, mediante el cual la persona se va purgando de aficiones, defectos e imperfecciones (no es que desaparezcan todos, sino que se van integrando y calmando en el interior: “acallando las bestias”, dirían los místicos). El alma crece en la oración, busca la intimidad con Dios y fuera de Él ya nada le satisface. Pero es eso, un proceso que puede ser muy largo, siempre dependiendo de la misericordia divina y del dejarse en Dios de la persona. Un detalle, no sólo existe en el cristianismo católico, sino que en las religiones orientales, dadas a practicar la mística existe el concepto y el fenómeno, aunque con otros matices.

PROBLEMA

El desposorio Místico o Espiritual puede tener un problema el cual puede puede consistir en quedarse en la superficie del término por carecer de preparación para ahondar en su contenido.

Pero también los místicos experimentales tropezaban, por camino inverso, con la dificultad de expresar en lenguaje humano el fenómeno. La cuestión del «lenguaje de los místicos» ha atormentado no sólo a los teólogos (atentos a la ortodoxia de las fórmulas doctrinales), sino también a los creadores y usufructuadores de la literatura espiritual.

Los místicos (admitía J. Ortega y Gasset) son formidables artistas de la palabra.

En efecto, en la fragua, siempre encendida, del alma, forjan un lenguaje propio de altísimos quilates.

La metáfora, la expresión feliz, el rodeo alegórico, tienen un valor literario indiscutible. Y, con todo, los místicos se muestran insatisfechos de su expresión, porque la materia que tratan es inefable (y, por tanto, indecible) y lo que dicen, lo dicen con analogías. Pues bien; una es ésta del d. e. S. Teresa la califica de «grosera comparación», pero añade: «yo no hallo otra que más pueda dar a entender lo que pretendo» (Moradas, V,4,3). En realidad, el origen de este lenguaje del místico desposorio arranca de la cantera bíblica. El Cantar de los Cantares (v.) será siempre el libro preferido de los místicos, la fuente de su inspiración. El mismo S. Pablo emplea la analogía nupcial hablando del amor de Cristo a la Iglesia (cfr. 1 Cor 7,20; 2 Cor 11,2; Eph 5,23).

La tradición del desposorio místico enraizada en la Biblia pervive a través de la literatura mística cristiana, se encarna en las vidas de los santos, y es tema abordado por los escritores de Teología espiritual. De los tres aspectos se pueden aducir numerosos ejemplos.

En S. Agustín (Enarrationes in Psalmos, 44: PL 36,494-495) encontramos intuitivas resonancias; en S. Bernardo el lenguaje de amor es audaz; Juan de Ruysbroeck (1293-1381; v.) edifica su obra maestra (De ornatu spiritualium nuptiarum, en Oeuvres, III, 2 ed. Bruselas 1928), partiendo del bíblico clamoreo: ¡Ahí está el esposo, salid a su encuentro! (Mt 25,6). El Esposo es Cristo, dice Ruysbroeck, y la esposa, la naturaleza humana, adornada con la gracia y los dones. El influjo de este libro de Ruysbroeck fue inmediato y duradero: Dionisio el Cartujano (m. 1471), Enrique Herp (m. 1477), etc.
      
Siendo el Desposorio místico una de las fases postreras del proceso de unión con Dios (la vida mística es producto del amor teologal, es decir, desarrollo en plenitud de la caridad), resulta lógico que S. Juan de la Cruz (v.), que ha convertido en eje de su sistema la «unión de amor», aborde el tema en el comentario a las estrofas del Cántico Espiritual. La base la puso en la Subida; toques últimos da en Llama de amor viva. Pero donde trata ex profeso la cuestión es en el Cántico, tan acorde al motivo del Cantar de los Cantares, tan personal en la fuerza lírica y en el esquema ideológico.

Lo que nos interesa ahora, sin embargo, no es el valor poético, sino la profundidad descriptiva; es decir, ver cómo S. Juan encuadra y analiza el d. e. en el marco de la psicología sobrenatural. El d. es una etapa del itinerario del alma. Etapa de subida, de montaña, de sol y fuego. Es una fase de un proceso fenomenológico de «transformación en el Amado». Los sanjuanistas sugieren ante el problema de la doble redacción del Cántico, que la segunda es un esfuerzo de adaptación doctrinal de la redacción primera, en la que al fluir poético no se impone más ley que la espontaneidad.

El esquema, pues, del Cántico, encajándose en el esquema-base de la vida espiritual, ofrece tres etapas sucesivas:

1) búsqueda del Amado, cuando el alma tiene «el corazón bien enamorado»,

2) «Vacío, hambriento, solo, llagado, doliente de amor» (Cántico, 9,6); 2) encuentro, o sea, el desposorio; y

3) El matrimonio.

Un fondo común se adivina en este esquema cuando se compara con el esquema de las Noches o de la Llama. Las tres fases se hallan esencialmente en los otros libros, si bien el Cántico, por su misma índole, analiza con más morosidad la segunda y la tercera. Correspondencia, pues, de las «noches» con los esquemas tradicionales de las vías o de los estados: purgativa, iluminativa, unitiva; incipientes, proficientes, perfectos (v. VÍAS DE LA VIDA INTERIOR). Y correlatividad u homogeneidad entre noche pasiva del espíritu y d. e. La meta de las noches es un «alto estado de amor y unión de amor, en que, después de mucho ejercicio espiritual, suele Dios poner al alma, al cual llaman desposorio espiritual con el Verbo Hijo de Dios» (Cántico, 14-15,2). El d. e. es, por tanto, el fin de la noche pasiva del espíritu (v. PURIFICACIÓN III), el último instante de la vida iluminativa (v.).

El desposorio espiritual se realiza con un ritual solemne:

«Sí de amor», «entero y verdadero» (Cántico, 20-21,2); «sí de gracia». La esencia, con todo, del acto, está marcada por un carácter de fugacidad. La visita es rápida; el alma, al salir del éxtasis (v.), se halla en un clima espiritual nuevo, prometida, visitada, con «un conocimiento de Dios nuevo» (Cántico, 14-15,23), mas también en un estado de espera, de amor impaciente, de ausencia (v. ARIDEZ ESPIRITUAL). Un texto de S. Juan de la Cruz, en que alude de pasada a la situación mística del d., sintetiza y reduce la estructura a sus líneas esenciales:

«Viene bien notar la diferencia que hay entre tener a Dios por gracia en sí solamente, y tenerle también por unión, que lo uno es bien quererse, y lo otro es también comunicarse, que es tanta la diferencia como la que hay entre el desposorio y el matrimonio;

DIFERENCIA ENTRE EL DESPOSORIO Y EL MATRIMONIO

El desposorio sólo hay un igualado sí y una sola voluntad de ambas partes y joyas y ornato de desposada, que se las da graciosamente el desposado;

mas en el matrimonio hay también comunicación de las personas y unión» (Llama, 3,24).

En esta situación de espera, el alma recibe «otras disposiciones positivas de Dios, de sus visitas y dones, en que la va más purificando y hermoseando» para «tan alta unión». Para el matrimonio.
   

MATRIMONIO ESPIRITUAL

El último grado de oración es lo que algunos místicos han llamado de ‘matrimonio espiritual’, ‘unión transformativa’, ‘deificación del alma’, ‘unión consumada’ o expresiones análogas.

¿porqué se le llama  “matrimonio espiritual“?

esto es porque así como en los buenos esposos hay una mutua entrega y son dos una sola carne, el alma en desposorio místico con Dios tiene una perfecta comunicación de bienes con él.

matrimonio espiritual

Características de ese estado:

El alma tiene conciencia de que en sus actos sobrenaturales de inteligencia, de amor, de voluntad, participa de la vida divina, de los actos análogos que están en Dios. Esto es lo esencial del matrimonio espiritual“, según explica el P. Poulain. (1) Sabemos por doctrina cristiana que el alma bautizada y en gracia tiene en sí todo el “mecanismo” sobrenatural, es decir virtudes infusas, dones del Espíritu Santo y Presencia trinitaria, y que este mecanismo efectivamente actúa, se movimenta. Pero cuando un alma se encuentra en el estado de Matrimonio Espiritual “se tiene conciencia de la comunicación de la vida divina. Dios ya no es solamente -como en los grados precedentes- el objeto de nuestras operaciones sobrenaturales de inteligencia y voluntad, sino que se muestra como co-principio de nuestras operaciones, la ayuda de que nos servimos para producirlas. Nuestros actos nos parecen, en cierto modo, divinos; nuestras facultades son ramas en las que sentimos circular la savia divina. Se cree sentir en sí mismo a Dios viviendo por los dos. Se vive en Él, de Él, por Él. Ninguna criatura puede manifestarse a nosotros de esta manera”.

Es decir el alma en estado de “matrimonio espiritual” vive totalmente en Dios y sus operaciones son conjuntas, humano-divinas, y además tiene conciencia de ello, lo siente. “En realidad, el alma en simple posesión del estado de gracia ya es, de alguna manera, esposa verdadera de Dios. Pero solamente en las grandes alturas de la unión transformativa adquiere la conciencia experimental permanente de que efectivamente lo es”.

¿Cómo se llega al “matrimonio espiritual” o “unión transformante”?

Según san Juan de la Cruz.

“Porque el fuego material, en aplicándole al madero, lo primero que hace es comenzarle a secar, echándole la humedad fuera y haciéndole llorar el agua que en sí tiene. Luego le va poniendo negro, oscuro y feo y aún de mal olor; y yéndole secando poco a poco, le va sacando a la luz y echando fuera todos los accidentes feos y oscuros que tiene contrarios al fuego. Y, finalmente, comenzándole a inflamar por de fuera y calentarle, viene a transformarle en sí y ponerle hermoso como el mismo fuego. En el cual término, ya de parte del madero ninguna pasión hay ni acción propia, salvo la gravedad y cantidad, más espesa que la del fuego, porque las propiedades del fuego y acciones tiene en sí; porque está seco, y seca, está caliente, y calienta; está claro, y esclarece; está ligero mucho más que antes, obrando el fuego en él estas propiedades y efectos”.

Lo luminoso de la metáfora de arriba es, entre otras cosas, que nos indica un plan de acción para llegar al objetivo:

Hay que acercarse al fuego si queremos ser fuego. Y ese Fuego es Dios. No existe por tanto una buena transformación propia que se de en el alejamiento de Dios.

Acercarse al fuego es conocer a Dios y amar a Dios, usando también todos los recursos que la Iglesia ofrece, como liturgia, sacramentos, hasta que el fuego de Dios tome cuenta del alma.

 

Algunos ejemplos de santos MÍSTICOS:

Santa Rosa de Lima, virgen dominica (1586-1617). 23 y 30 de agosto.

El desposorio místico entre ella y Cristo ocurrió el Domingo de Ramos del año 1617 en el interior de la capilla del Rosario de Lima. Mientras oraba delante de la imagen de Ntra. Sra. Del Rosario sintió que la imagen del Niño Jesús le decía: “Rosa de Mi Corazón, yo te quiero por Esposa“, a lo que ella respondió: “Aquí tienes Señor a tu humilde esclava. Tuya soy y Tuya seré“. Ocurrido esto mandó a su hermano Hernando a confeccionarle un anillo y que grabase en él las palabras que le pronunció el niño Jesús. El anillo le fue impuesto el Domingo de Resurrección del mismo año por un religioso dominico.

Santa Catalina de Siena, virgen dominica (1347-1380). 1 y 29 de abril.

A los 20 años, tiene una visión de Jesucristo, que le dice: “Ya que por amor a Mi has renunciado a todos los gozos terrenales y deseas gozarte solo en Mi, he resuelto solemnemente celebrar Mi esposorio contigo y tomarte como mi esposa en la fe“. Apareció la Madre de Dios, San Juan Evangelista, San Pedro, San Pablo, el rey San David tocando el arpa (!). María toma la mano de Catalina y la pone sobre la del Niño Jesús, que le dice: “Yo, tu creador y Salvador, te acepto como esposa y te concedo una fe firme que nunca fallará. Nada temas. Te he puesto el escudo de la fe y prevalecerás sobre todos tus enemigos“. Mientras, le pone un anillo de oro con un diamante y cuatro perlas. Al acabar la visión la santa vio en su dedo la alianza y desde ese momento hasta el día de su muerte no cesó de verlo (solo lo veía ella).

Santa Teresa de Jesús, virgen carmelita (1515-1582). 15 de octubre y 26 de agosto.

La unión mística entre la santa y Jesucristo tiene lugar al acabar de comulgar de las manos de San Juan de la Cruz; se le apareció Cristo y le dijo: “¿Ves este clavo?, significa que a partir de ahora estamos desposados“, mientras hundía en su palma un clavo, produciéndole un dulce dolor. En este caso, la alianza es un clavo y no un anillo, ya que dicho resposorio unía a la Santa con Cristo por medio del sufrimiento.

Más que visiones extraordinarias, de tipo sospechosamente barrocas en cuanto al recargamiento de detalles, personajes y efectos, la mejor descripción del fenómeno (que es interior) la da Santa Teresa:

lo que pasa en la unión del matrimonio espiritual es muy diferente: aparécese el Señor en este centro del alma sin visión imaginaria sino intelectual, aunque más delicada que las dichas, como se apareció a los Apóstoles sin entrar por la puerta, cuando les dijo: «Pax vobis»“.

Continúa diciendo sobre esta unión de Dios y el alma:

Es un secreto tan grande y una merced tan subida lo que comunica Dios allí al alma en un instante, y el grandísimo deleite que siente el alma, que no sé a qué lo comparar, sino a que quiere el Señor manifestarle por aquel momento la gloria que hay en el cielo, por más subida manera que por ninguna visión ni gusto espiritual“. (Las Moradas: Mor. 7, capítulo 2, núm 2,3)

San Hermann José Steinfeld, canónigo premonstratense (1150-1241).  21 de mayo. (en la imagen)

Este es un caso distinto, porque aquí el desposorio es con María, llegando al extremo de añadir a su nombre, el nombre de José, en plena consonancia con el esposo de la Madre de Dios. Es un caso raro, se aparta de la doctrina tradicional sobre el desposorio místico, que es unión con Dios, creador y redentor, y nunca con otra criatura que, por excelsa que sea, no es Dios. Pero bueno, ya se sabe, los místicos viven, los teólogos complican.

Vistos estos ejemplos (pecando de omitir al gran San Juan de la Cruz) y entendido más o menos lo que es el desposorio místico, hay que decir que lo de Santa Catalina de Alejandría, así como de Santa Inés, son invenciones tardías y medievales, y sólo se basan en alegorías (en el caso de Inés, lo de “esposa del cordero” le viene como anillo al dedo, nunca mejor dicho). Las primeras “passio” de ambas santas no recogen este hecho (si no forman parte de la espiritualidad de la época de escritura, mucho menos de la época en la que vivieron las santas), ni siquiera lo hacen las leyendas tardías, como las de La Vorágine. La iconografía de ambas santas, sobre todo la renacentista (amante de los conjuntos de personajes, haciendo gala de anacronismos) y la barroca (amante de los raptos, las visiones y las representaciones gloriosas), recogen este momento tan místico como irreal en sus vidas. Y sobre los de Catalina específicamente.

Crítica. Se ha criticado en general, como lo hace J. Leuba, el simbolismo erótico de los místicos. La escuela de Freud (v.) y los psicoanalistas irán aún más lejos, explicándolo todo por la hipótesis de las frustraciones o compensaciones sexuales. En concreto, J. Baruzi, entusiasta del símbolo «noche», enjuicia peyorativamente como un «pseudo-simbolismo» el Desposorio o el Matrimonio. Las críticas son tan superficiales que resbalan por la superficie; tan miopes, que no ven, bajo la superficie alegórica, la honda, dinámica y sobrenaturalizante realidad de la gracia y de la caridad. Sólo a la luz de la fe se comprende el misterio de la «deificación» del hombre.

fuentes:

Hna. Carmelita

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