El Martirio en la Historia de la Iglesia.


MARTIR = TESTIGO QUE HA DERRAMADO SU SANGRE POR LA FE.

No incoar el proceso de los presuntos mártires, sería infringirles un segundo martirio.
  1. En los primeros siglos el santo fue el mártir o el apóstol.
  2. Después se reconoció este don al obispo y pastor heroico, a la virgen fiel y al monje 
    heroico.
  3. En el periodo de la conversión de las naciones de Europa muchos santos reyes y reinas fueron inscritos en el catálogo de los santos.
  4. Llegó posteriormente la estación de los santos de la caridad y de la humildad, de los santos sacerdotes, de los fundadores y misioneros.
  5. Hoy se estima de modo particular la santidad laical, la de los cónyuges y de los jóvenes.

En esta evolución, el martirio es una constante. Cada siglo ha tenido sus
mártires y los tendrá siempre.

Primeros martires de la IglesiaRomana-30

1. La Palabra MARTIR

El término martirio/mártir aparece en el Nuevo Testamento para designar al simple testigo de un hecho, y también a un testigo particular de la vida, muerte y resurrección de Cristo’.

En sí equivale a anuncio.

Más adelante hay textos que se refieren a un testimonio corroborado con la sangre. En la arenga de Pablo en Jerusalen, el apóstol afirma que “cuando se derramó la sangre de tu testigo Esteban, yo también me hallaba presente” (Hch 22,20).

Como se ve, progresivamente, casi sin quererlo, la palabra griega que significa testimonio pasó al latín significando un testimonio especial, el de quien ha derramado su sangre por la fe.

Constreñidos por las autoridades, los cristianos se veían obligados a “confesar” su fe. Su proclamación, como la de Policarpo: “Jesús, y no el emperador, es el Señor” era semejante a la del bautismo.

Era digna de fe porque el juez la “creía”. El cristiano se convertía así en “testigo” privilegiado porque la muerte sellaba la fe de su vida.

La muerte que seguía a los procesos derivaba de la confesión del nombre y no de la confesión de un delito. En otras palabras, si no hubieran sido cristianos no habrían sido condenados.

La causa, por lo tanto, era la fe en la persona de Cristo. La razón teológica de la glorificación del mártir está consignada en estas palabras:

“El que pierda su vida por mí, la encontrará”. (Mt 10,39).

El mártir confiesa a Cristo y da su vida por él. Es decir, demuestra “el amor más grande” que es el de dar la vida (Jn 15,13). ”En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros; así también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos’ (1 Jn 3,16).

Dos son, los elementos esenciales del martirio:

1) El martirio material:

El mártir no debe morir por enfermedad, o en la cárcel o sólo a continuación de ella, sino que debe espirar precisamente a causa de ella.

2) El martirio formal:

  1. a) de parte del perseguidor se requiere elodium fidei“. El motivo debe ser una actitud de hostilidad hacia el cristiano en cuanto discípulo de Cristo. En su obrar se debe manifestar odio contra Dios, Cristo, su doctrina o su Iglesia, o también el deseo de obligar al cristiano a cometer acciones pecaminosas.
  2. b) de parte del mártir: no basta morir, se debe ver “cómo” muere. Para que el martirio sea reconocido como tal, es necesario que el mártir “dé su vida”, no que simplemente se la quiten. No es suficiente morir o sufrir por la fe, es necesario “ofrecer la vida” por ella, es necesario aceptar la muerte por amor a la fe.

Evolución del martirio en las distintas épocas:

datos y tendencias.

El concepto de martirio no ha sido siempre el mismo. Un primer elemento comienza a estar claro desde el siglo ll: la distinción entre quien muere, (el mártir), y quien sufre solamente, (el confesor).

Convertido al cristianismo el Imperio romano, aparentemente sólo en su periferia podía encontrarse el martirio. Así, por ejemplo, fue mártir San Bonifacio en cuanto que fue matado por los “paganos”. Poco a poco se llegó a percibir cómo ciertas persecuciones podían desencadenarse en ambientes cristianos, provocadas por príncipes cristianos
inducidos a matar a cristianos por odio a principios evangélicos.

La ley del martirio es ésta:

“el cristiano no debe exponerse por sí mismo a la persecución,

y ello para ahorrar un crimen a los infieles

y para no exponer la propia debilidad:

pero cuando nos encontramos cara a cara con la lucha,

no debemos sustraernos.

Es temerario exponerse,

es de cobardes retraerse”

TIPOS DE MARTIRIO

Algunos dicen que existen dos o tres tipos de martirio, que se consideran una cruz para el hombre, a saber: martirio blanco, verde y martirio rojo. 

Existen tres tipos de martirio, que se consideran una cruz para el hombre, a saber: martirio blanco, verde y martirio rojo.  

 

 

a) Martirio rojo se refiere a entregar la vida física, dando testimonio hasta la muerte. El rejo, en este caso, se asocia con la sangre derramada.

b) Martirio blanco se define habitualmente como el ser perseguido a causa de la fe, pero sin derramar sangre alguna. Consiste en vivir una vida valiente por Cristo, pero sin que le pidan morir por ello. El martirio blanco consiste en que un hombre abandone todo lo que ama por devoción a Dios, aunque allí sufriera ayuno y labores.

c) Martirio verde consiste en que, a través del ayuno y el trabajo, uno se libere de sus deseos malignos, o sufra angustias de penitencia y conversión. Es más específico y se centra en la penitencia y el ayuno extremos por amor a Dios. Este tipo de martirio se asocia normalmente con los eremitas de Egipto, que influyeron enormemente en el monacato irlandés. Esto explica por qué tantos monjes irlandeses se retiraron a lugares de extrema solicitud y clima severo; un ejemplo claro es el monasterio de Skellig Michael.

Esto tres martirios representan diferentes caminos hasta el paraíso, pero todos comparten una cosa en común: un corazón ardiente con el amor de Dios. Podría decirse incluso que estos son “tres caminos de amor”, formas en las que podemos expresar nuestro amor a Dios y Su misericordia hacia nosotros.

 

PREGUNTAS

  1. ¿Cuál es el concepto teológico de SANTO?

Santo es el cristiano que, mediante la gracia santificante, se identifica en plenitud con Jesucristo, Dios encarnado; y que además, ha sido canonizado por el Papa.

Los santos pueden ser confesores o mártires.

 

2. Quiénes son los santos Confesores:

son los que mueren de muerte natural y mártires los que sufren muerte violenta por ser fieles a Dios.

3. ¿Qué significa la palabra mártir?

La palabra mártir es de origen griego: Martyros Μαρτυροσ y significa TESTIGO, el que da testimonio de creer en Cristo, de esperar en Cristo y de amar a Cristo, hasta el derramamiento de su propia sangre.

4. ¿Qué es necesario para que ser declarado mártir?

A partir del siglo IV se fija en el hecho de morir: la muerte, la confesión de la fe y la aceptación de la muerte. Varios siglos después Benedicto XIV precisó los elementos del martirio en su Obra: “De servorum Dei beatificatione et beatorum canonizatione”. Elementos del martirio: 1. Perseguidor 2. Pena o elemento objetivo material 3. Causa o elemento formal 4. Persona.

5. Cuántos y cuáles son los elementos esenciales del martirio:

Son dos los elementos esenciales del martirio:

  1. Martirio Material y
  2. Martirio formal.

a) El martirio material:

El mártir no debe morir por enfermedad, o en la cárcel o sólo a continuación de ella, sino que debe espirar precisamente a causa de ella.
b) El martirio formal:

  1. a) de parte del perseguidor se requiere elodium fidei“. El motivo debe ser una actitud de hostilidad hacia el cristiano en cuanto discípulo de Cristo. En su obrar se debe manifestar odio contra Dios, Cristo, su doctrina o su Iglesia, o también el deseo de obligar al cristiano a cometer acciones pecaminosas.
  2. b) de parte del mártir: no basta morir, se debe ver “cómo” muere. Para que el martirio sea reconocido como tal, es necesario que el mártir “dé su vida”, no que simplemente se la quiten. No es suficiente morir o sufrir por la fe, es necesario “ofrecer la vida” por ella, es necesario aceptar la muerte por amor a la fe.

6. ¿Quiénes fueron los primeros mártires en la Iglesia?

  • El Rey de los Mártires es Jesucristo nuestro Señor, quien murió crucificado y resucitó en el año 33.
  • Poco después fue martirizado el diácono Esteban, y en pocos años también
  • los Doce Apóstoles y miles de cristianos, perseguidos por los emperadores romanos. Un  ejemplo es el Obispo de Esmirna San Policarpo, quien fue quemado vivo en el año 155.

7. ¿Cómo proclama la Iglesia a los mártires como santos en los primeros siglos?

En los primeros años los mismos fieles aclamaron a los mártires, convencidos de su santidad. Pero pronto esa aclamación pasó a ser un derecho exclusivo de los obispos. A partir del siglo XI los papas comenzaron a reservarse las canonizaciones. Y el Papa Urbano VIII, el 5 de julio de 1634, ordenó que en adelante ya no se diera culto a nadie sin que antes se hiciera un Proceso de beatificación aprobado en Roma; y si a alguien se le comenzaba a dar culto antes de ese Proceso, quedaba suspendida su causa de beatificación.

¿Por qué se necesitan milagros para canonizar?


  1. Porque solo Dios obra milagros y constituyen una confirmación divina de la santidad de la persona invocada, al margen de posibles errores humanos.
  2. Porque es de «importancia capital» conservar la necesidad de los milagros en las causas de canonización.

Probar la autenticidad de un hecho prodigioso requiere pasar por todo el rigor de un proceso de investigación y de un meticuloso examen científico y teológico, «actualmente para la beatificación de un siervo de Dios no mártir, la iglesia pide un milagro, para la canonización (también de un mártir) pide otro. Sólo los presuntos milagros atribuidos a la intercesión de un siervo de Dios o de un beato “post mortem” pueden ser objeto de verificación».

Se considera milagro aquel hecho que supera las fuerzas de la naturaleza, que es realizado por dios fuera de lo común de toda la naturaleza creada por intercesión de un siervo de dios o de un beato.

La investigación del milagro se lleva a cabo separadamente de aquella sobre las virtudes o sobre el martirio.

El itinerario procesal para reconocer un milagro se desarrolla en dos momentos:

  1. El primero en el ámbito de la diócesis donde ocurrió el hecho prodigioso –se recogen declaraciones de testigos oculares, documentación, etcétera;
  2. El segundo momento, la congregación examina todo este material.

Declarar la santidad de alguien no es como asignar un título honorífico aunque uno persona esté en el cielo, puede darse que no sea digno de un culto público.

Además, establecer la heroicidad de las virtudes, a través de todo el trabajo de recogida de pruebas testimoniales y documentales» y de «valoración teológica» hasta llegar a la «certeza moral y a la formulación del juicio», aunque sea «fundado, serio y preciso», no está exento de «posibles errores».

Los humanos podemos equivocarnos, engañarnos: los milagros en cambio sólo Dios puede realizarlos, y Dios no engaña».

En este sentido, los milagros son un «signo cierto de la revelación, destinado a glorificar a Dios, a suscitar y reforzar nuestra fe, y son también, por lo tanto, una confirmación de la santidad de la persona invocada. Su reconocimiento consiente por lo tanto otorgar con seguridad la concesión del culto. De aquí la «importancia capital de conservar su necesidad en las causas de canonización».

El rigor de la ciencia y del examen teológico.

 

Un órgano colegial constituido por cinco médicos especialistas y dos peritos de oficio forman la consulta médica, encargada del examen científico del presunto milagro. El juicio de aquellos «es de carácter estrictamente científico», por lo cual el hecho de que sean «ateos o de otras religiones no es relevante».

Su examen y discusión final se concluyen estableciendo exactamente el diagnóstico de la enfermedad, el pronóstico, el tratamiento y su solución. La curación, para considerarla objeto de un posible milagro, debe ser juzgada por los especialistas como rápida, completa, duradera e inexplicable según los actuales conocimientos médico-científicos».

El milagro puede superar las capacidades de la naturaleza en cuanto a:

  • En cuanto a la sustancia del hecho, (quoad substantiam)
  • En cuanto al sujeto o (quoad subiectum)
  • En cuanto al modo de producirse.  (quoad modum)

De aquí que se distingan tres grandes milagros:

  1. La resurrección de los muertos,
  2. La completa curación –que a veces puede presentar la reconstrucción de órganos— de una persona juzgada incurable
  3. La curación de una enfermedad –curable médicamente a largo plazo— de forma instantánea.

Se debe confirmar que la curación es completa, instantánea, inexplicable  y duradera.

Pero no sólo curaciones físicas pueden ser objeto de examen, sino también hechos prodigiosos de orden técnico, como ocurrió en el caso del milagro que abrió las puertas a la beatificación de sor María Petkovic.

Si se presentan incertidumbres, la consulta suspende la evaluación y pide otros peritos o documentaciones. Una vez alcanzada la mayoría o la unanimidad en el voto, el examen pasa a la consulta de los teólogos».

Éstos, a partir de las conclusiones de la Consulta Médica, «están llamados a identificar el nexo de causalidad entre las oraciones al siervo de Dios y la curación o suceso técnico inexplicable, y expresan el dictamen de que el hecho prodigioso es un verdadero milagro.

Cuando también los teólogos han expresado y redactado su voto, la valoración pasa a la Congregación de los Obispos y Cardenales quienes, tras escuchar la exposición realizada por un “ponente”, discuten todos los elementos del milagro: cada componente por lo tanto da su juicio, que hay que someter a la aprobación del Papa.

Será el sumo Pontífice finalmente quien determine el milagro y disponga la promulgación del decreto. Éste constituye un acto jurídico de la Congregación para las Causas de los Santos, sancionado por el Papa, por el que un hecho prodigioso es definido como auténtico milagro.

 

 

fuente: https://es.zenit.org/

La canonización más rápida de la historia


san Pedro Mártir

El primer caso de un papa que canonizó a un santo tuvo lugar en el año 993 y “la canonización papal era relativamente nueva” en la era de Pedro, escribe Donald Prudlo en su libro The Martyred Inquisitor: The Life and Cult of Peter of Verona [El inquisidor martirizado: vida y culto de Pedro de Verona].

Nacido en torno al año 1205, Pedro llegó a una familia de clase media en Verona, al norte de Italia, una región que durante mucho tiempo ha vivido conflictos violentos y agitación política. Una parte considerable de este tumulto derivaba de la hostilidad entre la Iglesia católica y sectas religiosas escindidas, como los heréticos cátaros.

Aunque Pedro tenía familiares que suscribían la doctrina cátara, su familia pagó para que recibiera una educación de profesores católicos. Siendo joven, se matriculó en la Universidad de Bolonia. Su familia confiaba en que hiciera carrera en derecho o en el gobierno, pero estando en Bolonia empezó a abrazar su fe católica y se unió a la recién establecida Orden dominica. Fue ordenado sacerdote en el año 1228 o 1229.

Entre los logros de Pedro está el establecimiento de un servicio de ambulancia voluntario que continúa funcionando hoy día. Además, empezó a ganarse una reputación de orador público fascinante. Y el centro de su apasionada predicación era contra las sectas heréticas, como los cátaros, a quienes los dominicos en particular consideraban anatema.

Por la efectividad de su oratoria, Pedro ganó un estatus significativo en la Iglesia y con el tiempo llegó a ser inquisidor para la región de Lombardía, Italia. Este producto de entorno cátaro era ahora el anti-cátaro más prominente de su tierra y, a ojos de muchos, “no podría haber presentado un espectáculo más odioso”, escribe Prudlo. De modo que los enemigos de Pedro empezaron a urdir un plan para silenciarlo.

El 6 de abril de 1252, a las afueras de Milán, un asesino de parte de los cátaros emboscó a Pedro y le atacó con un arma parecida a un machete llamada falcastro. Dice la leyenda que Pedro pronunció el Credo apostólico en el poco tiempo entre la primera herida y cuando el asesino asestó el golpe fatal.

Algunas fuentes sostienen que el agonizante Pedro hundió los dedos en sus heridas y usó su propia sangre para escribir las primeras palabras del Credo apostólico (“Credo in Deum”) en el suelo. Un relato tan dramático probablemente es apócrifo. En cualquier caso, el compañero de viaje de Pedro, otro dominico, también fue gravemente herido y sucumbió a sus heridas varios días más tarde.

El asesino, Carino de Balsamo, logró escapar. Más tarde se arrepintió de sus actos asesinos y entró en un monasterio dominico, donde permaneció como devoto penitente laico hasta el final de su vida.

Aunque el asesinado Pedro tenía muchos enemigos, también disfrutó de un culto local de fervorosos defensores. Y se le han atribuido milagros incluso en vida. Además, para la jerarquía de la Iglesia, su vida franca y su violenta muerte ofrecían un ejemplo cautivador de un luchador caído contra los herejes.

El 9 de marzo de 1254, solo 337 días después de su muerte, Pedro de Verona fue canonizado por el papa Inocencio IV. El récord anterior de canonización más rápida había pertenecido a Antonio de Padua, que entró oficialmente en la santidad 352 días tras su muerte en junio de 1231.

Pedro fue enterrado en la basílica de San Eustorgio, en Milán, donde se conservan sus reliquias, incluyendo su cabeza, que aún muestra indicios de las heridas craneales que sufrió. Debido a las circunstancias de su muerte, a menudo es representado con un cuchillo clavado en la cabeza y su patronazgo incluye a los que sufren dolores de cabeza.

La fecha de la muerte de Pedro, el 6 de abril, no se utilizó para su festividad porque podría entrar en conflicto con la Pascua. Así que su fiesta es el 29 de abril y la Iglesia la celebró universalmente hasta 1969, cuando fue suprimida del calendario.

El récord de Pedro por su camino más rápido a la santidad se ha mantenido durante casi 800 años. Dado que la canonización moderna es un proceso muy sofisticado –que incluye una extensa investigación del pasado del candidato, de su santidad y de la legitimidad de los pretendidos milagros–, es probable que el récord de Pedro se mantenga al menos otros ocho siglos.

 

Cortesía de  https://es.aleteia.org

¿Qué es el “Nihil Obstat” y el “Imprimatur”?


Nihil Obstat: Expresión latina que significa ‘nada se opone’, ‘no hay objeción’, usada como fórmula con la que el censor hace constar la aprobación eclesiástica de un libro para su publicación.

nihil obstat mprimatur

Hoy en día, cualquier persona puede publicar libros tratando de cualquier tema. Son muy comunes los temas de religión, espiritualidad, etcétera. Toda la gente puede tener puntos de vista diversos, pero hay que saber que escritos van de acuerdo a lo que nosotros, como católicos, creemos. Hay muchisimos libros que van en contra de nuestra fe católica. Entonces,

¿cómo saber que libros podemos leer?

La Iglesia otorga “licencias” para ciertos libros que, después de revisados, se ha comprobado que no tienen errores doctrinales o morales. Al ver dichas licencias, el cristiano puede estar seguro de que lo que esta leyendo es sano. Es importante que sepamos identificar estos permisos.

Entre ellos estan el “Imprimi Potest”, el “Nihil Obstat” y el “Imprimatur”.

Imprimi Potest

Aprobación oficial por el superior mayor de una orden religiosa o congregación católicas del contenido de una obra escrita por uno de los miembros, necesaria antes de autorizar su publicación. Indica que la obra de un miembro de la orden ha sido aprobada por sus superiores y puede ser objeto, ante el obispo de la diócesis, de la solicitud de permiso para imprimir.

Nihil Obstat

Este sello indica que la obra ha sido escudriñada y aprobada por el censor de la diócesis sin encontrar en ella ningún error doctrinal o moral. El censor suele ser un sacerdote educado, nombrado por el obispo. Su tarea implica la interacción con el autor hasta asegurarse de que éste haya corregido su obra de acuerdo con las indicaciones recibidas. Los autores pueden elegir someter su obra al obispo de la diócesis donde residen, en lugar del de aquella donde se pretende darla a la imprenta.

Imprimatur

Etim. Latín. imprimere, imprimir

Palabra latina que significa “sea imprimido”. Significa la aprobación del obispo para la publicación de una obra de fe o moral. Los autores tienen la libertad de obtener el imprimatur del obispo de la diócesis donde residen o de la diócesis donde se va a imprimir o publicar la obra. Generalmente el imprimatur junto con el nombre del obispo y la fecha de aprobación aparece en la obra publicada.

Según el decreto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (1975), “Los Pastores de la Iglesia tienen el deber y el derecho de ser vigilantes, no sea que se dañe la fe y la moral de los fieles por escritos; consecuentemente aun de exigir que la publicación de escritos concernientes a la fe y la moral deban ser sometidos a la aprobación de la Iglesia y también de condenar libros y escritos que ataquen la fe y la moral”.

Cuando un católico adquiere un libro relativo a la fe debe cerciorarse que contenga el Nihil Obstat e Imprimatur, “porque hay muchas obras que se publican con ideas erróneas o confusas”, ajenas a la enseñanza de la Iglesia.

“Esta situación toma mayor relevancia en la actualidad porque, debido a la proliferación de orientaciones religiosas, cualquier persona puede escribir un libro argumentando que ha sido inspirado por el Espíritu Santo, por María Santísima o por algún santo, y se trata de ideas personales con fines, la mayoría de las veces, comerciales”, señaló en declaraciones al Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME).

“El Nihil Obstat (Nada impide para que se publique) es la aprobación del obispo de la diócesis correspondiente –o de un delegado nombrado por él para tal fin–a una obra que desde el punto de vista moral y doctrinal aspira a ser publicada como católica”.

Mientras que el Imprimatures la declaración oficial de la Iglesia Católica de que una obra literaria o similar está libre de error en materia de doctrina y moral católica, y por lo tanto se autoriza su lectura para los fieles; éste se otorga después del Nihil Obstat.

El Nihil Obstat se otorga luego que un especialista nombrado por el Obispo “estudia a profundidad el texto y determina si los contenidos son acordes con la doctrina universal de la Iglesia; en caso contrario, se hacen las observaciones correspondientes para que el autor realice las correcciones necesarias”.

Luego de las correcciones señaladas, se otorga el Nihil Obstat, pidiendo al obispo, que otorgue el Imprimatur, en las obras católicas, estos documentos aparecen en las primeras páginas”.

Además de los catecismos, estos sellos son necesarios para “cualquier otra obra que quiera ser fiel a la fe de la Iglesia, como devocionarios, libros de reflexión, de espiritualidad, de liturgia, de pastoral, de enseñanza bíblica, vidas de santos o cualquier otro género literario que tenga su base en la doctrina católica, su interpretación o enseñanza, y aquellos que conciernen a orientaciones sobre distintos aspectos de la ética o moral aplicadas a la vida cotidiana de los cristianos”.

 

Cortesía

https://www.aciprensa.com/

http://www.corazones.org/diccionario/nihil_obstat.htm

Diferencias entre una beatificación y una canonización


Las seis diferencias entre una beatificación y una canonización

  • El número de milagros, quién celebra la misa o donde se le venera diferencian mucho a alguien que ha sido beatificado de uno canonizado.
  • A rasgos generales, se puede decir que una canonización es un proceso más avanzado que una beatificación.
  • Francisco, "feliz" de proclamar la "santidad" de Juan Pablo II
    Francisco, “feliz” de proclamar la “santidad” de Juan Pablo II EFE

Entre una canonización y una beatificación hay diferencias, que aunque pocas, son claras.  Aún así, hay una fina línea entre ambos procesos y puede llevar a la confusión. A rasgos generales, se puede decir que una canonización es un proceso más avanzado que una beatificación. Una beatificación proclama a alguien como beato, una canonización lo proclama como santo. Antes de que alguien sea canonizado, tiene que haber sido antes beatificado.

1. Diferencia entre beato y santo. En una canonización, se proclama a alguien como santo y se le incluye en el canon, es decir, entra en una lista oficial de santos. Una persona canonizada tiene la confirmación de que tiene una visión beatífica, es decir, la Iglesia tiene la certeza de que el santo tiene un privilegio divino y está en contacto directo con Dios. En una beatificación, lo que se reconoce es que alguien ha entrado en el cielo y puede interceder por aquellos que rezan en su nombre. Al nombrar a alguien beato, la Iglesia reconoce que ha llevado una vida virtuosa y santa.

2. El número de milagros. En una beatificación, se necesita por lo menos un milagro atribuido al candidato, a menos que este haya muerto por martirio. Para una canonización, se necesitan dos milagros. El primero, el que ya se ha contabilizado para la beatificación y el segundo, uno que haya tenido lugar después de que fuera beatificado. Este segundo milagro se toma como una confirmación de que Dios “aprueba” de la proclamación hecha por la Iglesia.

3. Dónde se le venera. La beatificación es un “proceso administrativo” mediante el cual el papa permite que un candidato a ser santo sea venerado públicamente en lugares asociados a su vida, es decir “a pequeña escala”. En el caso del papa Juan Pablo II, ya beato, su festivo, el 22 de octubre, puede celebrarse en Roma y en todas las diócesis de Polonia, lugares asociados a él.

La canonización implica una mayor formalidad, el papa establece de forma oficial que una persona es santa y está en el cielo, por lo que se permite el culto al santo por toda la Iglesia. Implica también que se pueden dedicar iglesias al canonizado sin necesidad de un permiso especial. Es decir, la persona considerada “santa” ya lo es a nivel mundial y se le puede venerar en todo el planeta, no sólo en sitios relacionados con su vida.

4. Quién pide el reconocimiento. En una beatificación, es el obispo de la diócesis donde murió el afectado quien pide que se le considere bendecido. En una canonización, es el prefecto de la Congregación para las causas de los Santos quien habla en nombre de la Iglesia entera y quien pide que se le declare santo. Es decir, una beatificación se hace a título personal de la diócesis cercana al encausado, una canonización se hace a petición de toda la Iglesia.

5. Quién preside la misa. Dentro del protocolo, la diferencia más importante durante cientos de años fue que durante una canonización el papa presidía la misa. Durante una beatificación, no. Pero durante el pontificado de Pablo VI, esta línea se difuminó cuando presidió en 1971 la misa de beatificación de Maximiliano Kolbe, mártir en un campo de concentración nazi.

Una práctica de presidir ambos tipos de misas que mantuvo el papa Juan Pablo II, que celebró cientos de misas de beatificación, incluida la de Juan XXIII en el año 2000. Benedicto XVI intentó instaurar de nuevo la diferencia entre ambos y, durante cinco años, sólo presidió misas de canonización. Pero en septiembre de 2010 presidió la beatificación de John Henry Newman y, en mayo de 2011, de Juan Pablo II.

6. La beatificación es un proceso simplificado. Las beatificaciones comenzaron como un proceso de simplificación para aquellos a quienes se les quería proclamar santos. Cuando se instauró el sistema centralizado de nombramiento de santos, muchas diócesis tenían que esperar años hasta poder celebrar a alguien o rendir devoción a nivel local a una persona considerada santa por lo que se instauró el proceso de beatificación, más rápido, para que se pudiera rendir devoción a alguien a nivel local.

Aplicación movil para Android: Novena a Madre Humilde del Niños Jesús.


Ya se puede descargar la Aplicación para moviles Android: Novena Madre Humilde del Niños Jesús.

https://play.google.com/store/apps/details?id=appinventor.ai_hnacarmelita.humildita&rdid=appinventor.ai_hnacarmelita.humildita

Feliz día de la VIDA CONSAGRADA


dia vida consagrada humilde patlán sanchez

 

Todos los católicos estamos llamados al seguimiento de Cristo. Por el bautismo nos hacemos Hijos de Dios, Hermanos de Jesucristo y Templos vivos del Espíritu Santo. Por lo tanto, la vida de los católicos, si quieren ser fieles y coherentes con su bautismo no puede ser la misma que la de una persona no bautizada. La imitación de Cristo será la tarea fundamental en su vida.

Sin embargo, hay personas que por una invitación especial de Dios, bajo una moción del Espíritu Santo, se proponen seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y procurar que toda su vida esté al servicio del Reino. Esto es lo que se llama en la Iglesia católica, la vida consagrada.

Las personas que asumen libremente el llamamiento a la vida consagrada viven los así llamados consejos evangélicos por amor al Reino de los cielos. Los consejos evangélicos son la pobreza, la castidad y la obediencia. Se les llama consejos evangélicos porque fueron predicados por Cristo en el evangelio y aparecen como una invitación para seguir más de cerca el camino que Él recorrió en su vida. Si bien todos los católicos estamos llamados a vivir estos tres consejos, la persona consagrada lo hace como una manera de vivir una consagración “más íntima” a Dios, motivado siempre por dar mayor gloria a Dios. La pobreza es el desprendimiento de todo lo creado para utilizarlo de forma que pueda dar mayor gloria a Dios. La castidad es lograr que toda nuestra persona: inteligencia, voluntad, afectos y cuerpo estén dominados por nosotros mismos. Y por último, la obediencia, es el sometimiento de la voluntad propia a la voluntad de Dios, a través de los superiores legítimos, representantes de Cristo para el alma consagrada.

Las personas consagradas a Dios pueden vivir su consagración de muy diversas formas y así vemos como a lo largo de la historia de la Iglesia, desde las primeras comunidades cristianas en el Asia Menor hasta los florecientes centros urbanos de nuestros días, la vida consagrada asume diversidad de formas. Las hay de aquellos que se dedican a la oración y a la contemplación en un lugar apartado de toda civilización. Hay quienes inmersos en el mundo, viven su consagración entre las más diversas actividades de la vida diaria. Todas estas formas de consagración las podemos agrupar en las siguientes divisiones:

    • Vida Eremítica
    • Vírgenes Consagradas
    • Vida Religiosa
    • Institutos Seculares
    • Sociedades de Vida Apostólica

fuente: http://es.catholic.net/op/articulos/9397/la-vida-consagrada.html

REQUISITOS PARA REGISTRAR UN MILAGRO


REQUISITOS PARA REGISTRAR UN MILAGRO

  1. La invocación debe ser inequívoca, unívoca, coral, (al mismo tiempo), eclesial, Que sea la única intercesora ante Dios, (es necesario que no encomiende a otros intercesores celestiales). La invocación debe haber sido hecho al pedir explicitamente la intersección del Siervo de Dios, para obtener el milagro.
  2. La invocación debe ser anterior al evento considerado milagroso. Debe preceder al cambio favorable al cuadro clínico.
  3. Que haya una evidencia del médico por escrito, (que certifique que la sanación ocurrida no tiene explicación científica, medicamente hablando).
  4. Que el milagro-sanación tenga durabilidad en el tiempo. (ejemplo si se le ha devuelto la vista a un ciego, que dure de dos años en adelante la manifestación de la sanación).

Características de los milagros.

Para que un suceso sea considerado como milagros debe tener las siguientes característica:

  1. INSTANTÁNEO (debe ser extremadamente rápido respecto del tiempo previsible de curación que se considera normal.)

  2. DURADERO EN EL TIEMPO

  3. COMPLETO

  4. PERFECTO, ESTABLE (sin recaídas o reincidencias)

  5. INEXPLICABLE PARA LA CIENCIA

Una curación considerada inexplicable que haya sido desaprobada tres veces, no puede ser presentada de nuevo. Si por tres veces el organismo que examina las curaciones da un resultado suspensivo o negativo, el caso no puede ser presentado nuevamente.

Cuando los hechos atribuidos a la intercesión de un Venerable Siervo de Dios o beato no cumplen las condiciones señaladas, porque no se han podido demostrar,  o porque son cuestiones de carácter espiritual, etc., se denominan gracias y favores.

SELECCIÓN DE PRESUNTOS MILAGROS

  • Evitar la fantasía o de la superstición y distinguir favores o gracias de posibles milagros = caso explicable según las leyes de la naturaleza.
  • No son admitidos los hechos extraordinarios de orden moral (p. ej., la conversión de
    un pecador empedernido, la pacificación de una familia, el abandono de un vicio, como la droga o el alcohol, etcétera).
  •  Hay que centrar la investigación solamente sobre los fenómenos extraordinarios de orden físico. Entre ellos, los fenómenos más comunes suelen referirse a curaciones prodigiosas después de la invocación a un siervo de Dios o a un beato.

4. INVESTIGACIÓN PREVIA

  • a) Ante todo hay que pedir a la persona curada o a los padres, si se trata de un niño, una relación escrita, lo más minuciosa y detallada posible, sobre los siguientes datos: síntomas de la enfermedad; diagnóstico y pronóstico de los médicos; eventuales curas; desarrollo de la enfermedad; a quién se encomendó el enfermo; si la curación fue instantánea; controles médicos después de la curación. Si se trata de una persona poco culta, el postulador, u otra persona, podrán ayudarle a redactar dicha relación.
  • b) Si en dicha relación se encuentran elementos suficientes para pensar que se trata de un milagro, hay que empezar a recoger todos los documentos posibles relativos al caso. Si la persona curada estuvo ingresada en alguna clínica u hospital, hay que pedir el historial clínico de dichos centros y los certificados de los diversos exámenes radiológicos, de laboratorio, etc. Hay que abundar en detalles, en especial el historial. Es necesaria una copia íntegra del historial, donde, además del diagnóstico y del pronóstico, se detalla día a día el curso de la enfermedad y las medicinas usadas. Recuérdese que por razón del secreto profesional, tiene derecho a exigir la documentación médica sólo el enfermo, o los padres, si se trata de un menor de edad. En el caso de que no existiera historial médico, habrá que obtener, por lo menos, una relación del médico o médicos que trataron al paciente.
  • c) Obtenida la relación y toda la documentación relativa al caso, conviene consultar a un especialista en la enfermedad de que se trata, para que diga si existe alguna explicación natural según la ciencia. En la práctica lo mejor es que los actores envíen toda la documentación al postulador de Roma, el cual, además de la experiencia, tiene medios para consultar a algunos de los médicos que forman parte de la Consulta de la Congregación. El indicará sí vale la pena o no instruir un proceso. El perito de Roma ayuda también a redactar los interrogatorios, de los que hablaremos más adelante.

SOLICITUD DEL POSTULADOR

En el caso de que el hecho extraordinario atribuido a un determinado siervo de Dios, realizadas las investigaciones previas y consultado algún médico competente, presente las características de un posible milagro el postulador dirige una solicitud a la autoridad competente, adjuntando a ella:

1) Un informe detallado del caso;
2) La declaración escrita del presunto agraciado;
3) Una lista de testigos, entre los que no pueden faltar los médicos que trataron al
enfermo, y los familiares del mismo;
4) Toda la documentación recogida hasta el momento;
5) El dictamen de un perito, si existe (cf. art. 38).

PASOS PARA EL REGISTRO

  1. Dar seguimiento a cada caso que se presente
  2. Narrar, por escrito el favor o milagro recibido,  especialmente por la persona beneficiada o si es bebe o niño por los familiares mas cercanos. En dicha descripción tiene que quedar de manifiesto que solo fue encomendado a  la intercesión de la Sierva de Dios. 
  3. Solicitar a los familiares o a la persona beneficiada directamente por el favor o milagro, que haya archivando todos los originales de las evidencias médicas;  es decir todo comprobante de los estudios realizados: sean radiografías, tomografías, diagnósticos; todo por escrito. De grandísima importancia es solicitar al médico su certificación en la cual exprese que la ciencia médica no tiene explicación de dicho evento.
  4. Enviar al correo electrónico de la causa de beatificación toda la información, además enviar los documentos con original y dos copias, vía correo postal.  (también el beneficiado debe quedarse con otra copia).
  5. Acompañar el informe preferentemente con fotografías y si existen algún vídeo que manifieste dicha sanación, servirá para clarificar las pruebas.

Las 4 vías de beatificación y canonización.


Hasta julio de 2017, existían tres caminos por los que una persona podría ser elevada a la categoría de beato o santo:

  1. El martirio para personas asesinadas por odio a la fe;
  2. La práctica de forma heroica de las virtudes; y, por último,
  3. La canonización equivalente, fruto de la devoción hacia el candidato y fórmula por la que el Papa confirma un culto que ya existente.

Con esta carta apostólica con forma de Motu Proprio titulada “Maiorem hac dilectionem”, El papa Francisco introduce una nueva ví­a a mitad de camino entre el martirio y las virtudes heroicas. A diferencia de la vía del martirio sí requiere de un milagro atribuido a la intercesión de la persona para su beatificación y otro para su canonización.

Así pues el Papa Francisco abre una nueva vía para alcanzar la santidad.

La cuarta vía se llama

“La vía del ofrecimiento de la vida”. 

Reconoce la santidad de quienes han ofrecido su vida por el Evangelio y por los demás y han fallecido como consecuencia de ello. Sería, por ejemplo, el caso de una persona que se ha consagrado al cuidado de leprosos, se ha contagiado y muerto por esa enfermedad.

fuente:

https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2017/07/11/hac.html

https://www.romereports.com/2017/07/11/el-papa-aprueba-una-nueva-via-para-alcanzar-la-santidad/

beatificacio2

Milagros, gracias y favores


Periódicamente se dan a conocer hechos sobrenaturales, de carácter inexplicable científicamente, atribuidos a la intercesión de un Siervo de Dios o un beato, que manifiestan la cercanía de Dios.

La Congregación para las causas de los santos de Roma, recuerda que la fama de santidad y la de gracias atribuidas a la intercesión de los Siervos de Dios es verdaderamente el motor de los procesos de beatificación y de canonización.

Que Dios desee conceder gracias y favores espirituales y materiales a través de la intercesión de los santos y de quienes van camino de serlo. Es una manifestación del dogma de la comunión de los santos que repetimos los cristianos desde los albores del cristianismo los domingos en el símbolo de la fe, y manifiesta la comunión entre la Iglesia de los que están en el cielo, en el purgatorio y en la tierra.

Finalmente, la Iglesia distingue entre los milagros necesarios, como vox Dei, que confirman que un venerable Siervo de Dios o un beato han de ser añadidos al catálogo de los santos y se les puede dar culto público general restringido a un determinado ámbito o conjunto de diócesis, familia espiritual, etc.

Para que el Santo Padre pueda autorizar el decreto de un milagro se debe haber estudiado que es hecho extraordinario, que se atribuye a la intercesión unívoca de un beato o un Venerable y cumple las determinaciones que marca el derecho canónico: La curación debe ser instantánea. Es decir, que en el caso concreto que se investiga:

El tiempo de la curación

debe ser extremadamente rápido respecto del tiempo previsible de curación que se considera normal.

La curación debe ser perfecta

Debe ser estable y duradera, sin reincidencias o recaídas

Cuando los hechos atribuidos a la intercesión de un Venerable Siervo de Dios o beato no cumplen las condiciones señaladas, porque no se han podido demostrar,  o porque son cuestiones de carácter espiritual, etc., se denominan gracias y favores.

Según la teología católica los milagros, gracias y favores, son un signo de la providencia amorosa de Dios y una manifestación, por tanto, de su misericordia en favor de sus hijos los hombres.

José Carlos Martín de la Hoz

José Carlos Martín de la Hoz, Teología del milagro y Causas de canonización, en Ius communionis, 5 (2017) 123-142.

Mas sobre los milagros

Mas estas cosas que se realizan divinamente alguna vez fuera del orden comúnmente establecido en la naturaleza, suelen llamarse “milagros”; porque nos “admiramos” cuando, viendo el efecto, ignoramos la causa. Y como una misma causa es a veces conocida por unos e ignorada por otros, de ahí resulta que, entre quienes ven un efecto simultáneamente, unos se admiren y otros no. Por ejemplo, el astrólogo no se admira viendo un eclipse de sol, porque conoce la causa; sin embargo, quien desconoce esta ciencia, ignorando la causa, ha de admirarse necesariamente. Así, pues, hay algo admirable para éste y no para aquél. Luego será admirable en absoluto lo que tenga una causa absolutamente oculta. Y esto significa la palabra “milagro”, a saber, lo que “de sí está lleno de admiración”, y no con respecto o éste o a aquél. Es así que la cace absolutamente oculta a los hombres es Dios, porque ya se probó (c. 47) que ningún hombre puede comprender intelectualmente la esencia divina en el estado actual de vida. Luego serán propiamente milagros las cosas que divinamente se realizan fuera del orden comúnmente observado en la naturaleza.

Mas hay diversos grados y órdenes de estos milagros.

  1. MILAGROS DE PRIMER GRADO

Estos milagros se llaman milagros en cuanto al fondo (quoad substantiam).

Porque ocupan el grado supremo entre los milagros aquellas cosas en que Dios realiza le que jamás puede hacer la naturaleza, como que dos cuerpos estén simultáneamente en un solo lugar, cine el sol retroceda o se pare, que el mar se divida ofreciendo camino a los transeúntes. Y entre estas cosas se ha de considerar también el orden, porque cuanto mayores son las cosas realizadas por Dios y más alejadas están del poder de la naturaleza, tanto mayor es el milagro. Como mayor milagro es el retroceso del sol que la división del mar.

Un evento está por encima del curso de la naturaleza y más allá de sus fuerzas productivas: en lo que respecta a su naturaleza sustancial, es decir, cuando el efecto es de tal naturaleza que ningún poder natural podría hacer que se cumpla en cualquier manera o forma alguna, como por ejemplo,

  • la elevación a la vida del hijo de la viuda (Lucas 7),
  • o la cura del ciego de nacimiento (Juan 9).

2. MILAGROS EN SEGUNDO GRADO

El segundo grado concierne al sujeto (quoad subiectum):

Ocupan el segundo grado entre los milagros las cosas en que Dios realiza algo que incluso puede realizar la naturaleza, pero no por el mismo orden. Pues obra de la naturaleza es que determinado animal viva, vea y camine; pero que tras la muerte viva, tras la ceguera vea y tras la cojera camine, tal no puede hacer la naturaleza, sino que lo realiza Dios alguna vez milagrosamente. Y en esto también se ha de considerar el orden, mirando a que lo que se hace esté más alejado del poder de la naturaleza.

En cuanto a la forma en que se produce el efecto es decir, donde puede haber fuerzas de la naturaleza, amueblada y capaz de producir el efecto considerado en sí mismo, sin embargo, el efecto se produce de una manera totalmente diferente de la manera en que naturalmente debe ser realiza, es decir, instantáneamente, por una palabra, por ejemplo,

  • la curación del leproso (Lucas 5).

la enfermedad de una persona es considerada incurable, durante su proceso puede haber destruido incluso huesos u órganos vitales; en este caso no sólo se verifica la completa curación, sino también la reconstitución integral de esos órganos (restitutio in integrum). El poder de Dios se muestra en el milagro: directamente a través de su propia acción inmediata o mediatamente a través de criaturas como medios o instrumentos.

 

3. MILAGROS EN TERCER GRADO

Estos se llaman milagros en cuanto a la forma de su producción (quoad modum).

Se da el tercer grado de milagros cuando Dios realiza lo que ordinariamente obra la naturaleza, pero sin contar con los principios operantes de la misma; como cuando alguien es curado por virtud divina de una fiebre naturalmente curable y cuando llueve sin que intervengan los principios naturales.

Cuanto la curación de una enfermedad, que la medicina podría haber conseguido solamente después de un largo periodo, se da instantáneamente.

 

Fuente: http://santotomasdeaquino.verboencarnado.net/capitulo-ci-de-los-milagros/

Hna. Carmelita

A %d blogueros les gusta esto: