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Cuaresmario HFIC


Este Cuaresmario HFIC,  es una herramienta para vivir intensamente este Tiempo Litúrgico en este Año Jubilar, hoy más que nunca debe ser, verdaderamente,

una Cuaresma con Acción,

porque

¡ES TIEMPO DE MISERICORDIA!

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La conversión requiere penitencia
Todo el Evangelio nos revela que el mensaje de Cristo es una llamada a la conversión profunda del corazón, a tal punto que la palabra corazón aparece en ellos 159 veces.

1ª Semana de Cuaresma

La conversión es el cambio total de los movimientos interiores del corazón, del centrarse en el “yo a centrarse en Dios, y con Dios, ir hacia los demás. Esta conversión requiere todo un estilo de vida penitencial, un estilo de vida de olvido y renuncia de si mismo, para dirigir todas las potencias internas y externas hacia Dios. El valor de la penitencia está en que nos lleva a la conversión. No solo nos convertirnos del pecado sino que nos movemos hacia Dios y su vida. No hay conversión profunda sin penitencia.

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Del egoísmo al amor


Muchas personas no se atreven a abrazar el espíritu de penitencia, porque tienen la falsa percepción de que tendrían que imponerse constantes y grandes sufrimientos. La penitencia es el camino que nos libera de nosotros mismos y nos dirige hacia Dios. Por esto es tan necesaria la penitencia para la conversión. A través de ella se da la espalda al egoísmo y egocentrismo y se dirigen todas nuestras potencias a Dios y al bien común.

2ª Semana de Cuaresma

La virtud de la penitencia nos lleva a trabajar para eliminar de nuestra vida todo aquello que nos separa del amor de Dios y del amor al prójimo. No es un sentimiento ni una experiencia emocional, sino mas bien un acto de la voluntad.

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Postales en  Construcción

3ª Semana de Cuaresma

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La contrición


La verdadera penitencia desarrolla la contrición autentica, que no es solo un sentido de culpa sino un dolor profundo de habernos separado del amor de Dios. La verdadera contrición es amor mas que miedo. 1 Juan 4,18: “El amor perfecto expulsa el temor”. El temor de Dios es el dolor de ofender al Amor, de despreciar su gracia, de apartarnos de su Corazón. El miedo es una reacción carnal que no es inspirada en el amor. El temor de Dios es signo de amor, pero el miedo es la ausencia de él. Uno lleva a la esperanza y el otro a la desesperación.

Mortificación de la imaginación


Imaginación: fantasías, exageraciones en las percepciones tanto para el bien como para el mal, interpretaciones exageradas de lo que se me dice o de lo que escucho, no inventar……….o añadir……..

Memoria: “olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar la meta a la que Dios me llama”. Fil 3,13-14

Vivir en el pasado tiende a bloquear la responsabilidad del presente. Ej: Vocaciones se debilitan cuando la persona está pensado lo que fue su pasado o lo que tuvo en el pasado…etc. ¿No fue una gran tentación para los israelitas el mirar lo que dejaron en Egipto? Sin embargo, lo que tenían por delante era mucho mejor que la esclavitud, pero esa memoria indisciplinada evocó la queja y les reveló el corazón.

 

Mortificación de los afectos.

No significa amar menos sino mas, pero con el amor de Dios, sin poseer ni apropiarse, sin desorden ni ataduras. O sea, mirándonos menos a nosotros y amando mas a los demás en Dios y para Dios.

Dios es amor, si amamos con el amor de Dios, amamos a Dios. Dios nos guía a como darnos no solo a los que nos gustan sino a todos según El ordena. La Penitencia de los afectos significa ordenar el corazón en la caridad, establecer su correcta distribución. Si a los afectos se les permite ser variables, inconstantes, ir detrás de lo mas atractivo, se les da mucha libertad en su manera de expresión, la caridad no se manifestará ordenadamente pues es llevada a la disipación,

Los afectos pueden errar, como todo, por exceso o defecto. La disciplina balancea los afectos: Ni rigidez ni sentimentalismo. Sin disciplina en los afectos, hay un exceso de amor propio: mientras nos sentimos satisfechos no importa lo que pueda suceder.

Los afectos deben disciplinarse para vivir ordenada y fielmente los estados de vida. La persona casada debe encausar sus afectos íntimos hacia su esposo-a y cuidar que no se descarrilen hacia otros.  Igual el sacerdote o la religiosa deben ordenar sus afectos dentro del contexto de su vocación consagrada.

Hace falta disciplinar también: la sensitividad, dependencia de otros, compasión y el servicio. Si no se disciplina tenemos: susceptibilidades, melancolía, apañamientos y competencias.

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Penitencia de la mente para alcanzar tener la mente de Cristo

El ser humano es lo que desea y piensa. Es de suma importancia entrenar los pensamientos como los deseos. Cuando se aplica la disciplina apropiada a la mente, se logra transformar el carácter y hasta la vida entera. Los “genios” o estados de ánimo, son estados de la mente y deben ser disciplinados.

Es importante mortificar la mente de tres faltas:

Pereza: no discurriendo, sino esperando que todo se me sea resuelto y procesado en detalle. Querer que otros piensen por nosotros.

Irresponsabilidad: dejando que cualquier pensamiento malo llegue sin detenerlo a tiempo. También de información, lecturas, imágenes, etc.. que no forman en la verdad del Evangelio sino que alimentan patrones del mundo en mi mente.

Vaciedad de la mente: disipación, no aplicarse a sus responsabilidades y deberes, pensar en cosas vanas, etc.

La disciplina mental es: no permitir en ella nada que no venga de Dios ni me dirija al Amor de Dios y de los hermanos. Debemos alimentar la mente con la información correcta hasta tener la mente de Cristo. “Transformaos mediante la renovación de vuestras mentes de forma que podais distinguir cual es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.” Rom 12

La voluntad y el intelecto son los dos poderes del alma y trabajan juntos, como los dos ojos, los dos oídos… El intelecto informa a la voluntad y la voluntad pone orden en la mente, sentimientos, emociones..etc..

Mortificación de los sentidos



Es necesaria esta mortificación para disminuir la carne y aumentar la acción del Espíritu. La mortificación corporal de alguna forma es necesaria porque aunque el cuerpo esta designado a servir al espíritu, las tentaciones generalmente atacan al espíritu a través del cuerpo. “Orad y vigilad el espíritu es fuerte pero la carne es débil”, dijo Jesús a sus discípulos en Getsemaní.

La vigilancia incluye disciplina. El demonio entra por las partes débiles. Hay que fortalecerlas con la disciplina, como los músculos se fortalecen con el ejercicio. Somos vulnerables al pecado cuando no reconocemos los peligros que corremos. Si satisfacemos siempre nuestros deseos e impulsos, vamos perdiendo la capacidad de detectar la tentación que será dirigida hacia nuestros apetitos.

Puntos importantes:

-Dominio de Oido, ojos, boca, pensamientos: Deben atenerse a lo que les corresponde.
-Cuerpo: No siempre complacer las comodidades y gustos que el cuerpo desea.
-Tiempo: Administrar con disciplina el tiempo.
-Paladar: Negarse ciertos gustos en la comida.
-Combatir la pereza: Abrazar con responsabilidad la vida de trabajo y de esfuerzo
-No desear inmediata satisfacción, recompensa o respuestas.
-No desear tener conocimiento de todo, evitar la curiosidad.

Estos ejercicios regulares fortalecen los músculos espirituales y nos preparan para estar listos y atentos para vencer la tentación que se aparece mostrándose hermosa, sustanciosa y apetecible como la manzana que la serpiente le mostró a Eva.

La penitencia debe ser a la medida requerida para rectificar nuestra falta de control sobre los sentidos. Como cuando se quiere bajar de peso, cuanto mas el sobrepeso, mas estricta la dieta.

San Juan Bautista nos enseñó la clave: “debo disminuir para que El crezca”.

La penitencia y La purificación

En el capítulo 15 de San Juan:

“Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia para que dé más fruto”. Lo purifica para que dé vida. Debemos estar conscientes de esta necesaria purificación y cooperar en el proceso. Si no estamos preparados para cooperar activamente, sinceramente no estamos cediendo a la purificación, tanto en el interior como en el exterior.

Dos formas de penitencia: activa y pasiva.

Activa: mas ocupada en la vida exterior y con practicas. Nuestra iniciativa…

Pasiva: sometiendo a todo lo que el Señor envía o nos permite, es responder con generosidad a los sufrimientos, inconveniencias, dificultades que nos surjan. “¿Estáis dispuestos a abrazar todos los sufrimientos que Dios desee enviaros?” preguntó la Virgen a los pastorcitos en Fátima. No los llamó a la inactividad, si no mas bien a la disposición interior de aceptar y abrazar lo que el Señor les permita. La iniciativa es de Dios…

En la activa, la persona va cortando de su rama las hojas secas y los frutos secos, cooperando activamente con la obra purificadora de Dios. Si desea crecer en humildad: hace actos de humillación.

En la pasiva, Dios es quien directamente purifica a la rama fructífera. Le permite una humillación y la persona cede a ella con gozo y aceptación, sumisión total a su voluntad.

La pasiva muchas veces es mas difícil que la activa. Cuando la voluntad impone una penitencia, en el área que sea, puede ser difícil, pero tiene el sentido de logro y éxito. En la pasiva muchas veces trae un sentido de impotencia y vacío…. se parece a la experiencia del Jardín de Getsemaní. La mas alta es la pasiva e interior…. el martirio del alma.

En la pasiva, Dios nos puede permitir pasar por tribulaciones que nos purifiquen:

Intelecto: permitiéndonos dudas, confusiones, enseñándonos debilidad en nuestros discernimientos.
Voluntad: nuestro amor y obras por él, lucir que no crecen, vacías y hasta desperdiciadas.
Afectos: Encontrando indiferencia de quienes amamos y hasta ingratitud, o malentendido.
Memoria: con el conocimiento de oportunidades perdidas, o errores cometidos.
Imaginación: permitiéndonos obsesiones y tentaciones.
Físico: enfermedad, cansancio, perdida de cosas materiales, nerviosidad, insomnio, incapacidad de encontrar satisfacción en nada exterior.

Todo esto no es elegido por nosotros mismos, es permitido por la voluntad de Dios para purificarnos. Pero estas tribulaciones pasivas, si sabemos detectar que vienen de Dios, las podemos tornar en momentos de gran productividad espiritual.

En la activa, siempre se debe buscar la pureza de intención, humildad y abandono total en Dios. La activa puede causarnos dolor pero la pasiva muchas veces nos hace ir por la noche oscura del alma.

El sentido común debe gobernar la penitencia



Mucho de lo que necesitamos purificar es de sentido común: si tiendo a la gula, comer menos; si tiendo a la crítica y chisme, guardar silencio; si tiendo a la curiosidad, restringir mi acceso a información, no preguntar, etc… Las penitencias directamente necesarias para vencer al pecado no son opcionales. Ejemplo: Ejercer la paciencia para vencer la ira; renunciar a la queja ante nuestra susceptibilidad; ser responsable para vencer la procrastinación.

Saber discernir los momentos de la penitencia. Por ejemplo: No se debe pedir pan y agua en el banquete de una boda; Irse de retiro cuando no dan permiso en el trabajo; hacer horas santas cuando es la hora de cenar con el esposo; ayunar excesivamente y a pan teniendo gastritis.

La penitencia debe vivirse con gozo y no melancolía (Mt 6,16-18), “Ofrécele a Dios solo lo que puedes ofrecer con gozo” (Cura de Ars). El gozo es el fruto de estar en comunión con la voluntad de Dios, no es ostentación ni extravagancia. Si hay que alcanzar el reino haciéndonos violencia (Mt 11,12) esta se refiere al corazón. La penitencia personal debe ser escondida “en secreto”, orden y paz. Lo único que debe verse son los frutos de la virtud. El orden elimina los excesos, los exhibicionismos.

El motivo de la penitencia es el amor a Dios. Lo que renunciamos, aunque puede doler, no se compara a la sublimidad de ganar a Cristo. “Todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo y ser hallado en él.” (Fil 3, 8)

Al hacer penitencia miramos a lo que ganamos en gracia y santidad, no lo que renunciamos. Si tenemos como meta esta ganancia, tendremos gozo y entusiasmo para lanzarnos a la empresa de ordenar nuestras pasiones y someter todo nuestro ser a los movimientos del Espíritu Santo. Rom 8,18 “porque estimo que los sufrimientos presentes no se comparan con la gloria que ha de manifestarse en nosotros”.

La verdadera penitencia es la sana expresión del corazón que ama. El que ama hace cualquier sacrificio por el amado. Ejemplo: Un hombre que ama a su esposa con alegría renuncia a las pasiones desordenadas, abraza sacrificios por ella. Ante el Amor todos los demás amores se eclipsan. A la medida que vamos creciendo en amor a Dios, vamos perdiendo el interés en las cosas que nos distraen de ese amor.

El unirse a Cristo, el amor de los amores, a través de la negación al yo, es un dolor que trae paz. Jesús resucitado reveló sus llagas y dijo: “la paz sea con ustedes”. El morir a nuestra carne, aunque duele, trae una profunda paz interior. Paz en nuestra voluntad. Por sus llagas somos sanados, por nuestra participación en sus sufrimientos somos sanados primero de nuestro pecado y concupiscencia.

Otros efectos de la penitencia



Afila nuestra sensitividad a Dios, su palabra y su presencia. ¿No fue acaso por los años de oración y ayuno que el profeta Simeón pudo percibir en aquel bebé la presencia del Mesías?

Eleva nuestras ideas y valores: que es mas importante: una comida o una charla.

Promueve la caridad y la unidad: el Cuerpo Místico es mas importante que yo.

Da balance a nuestra ascética: no cortar indiscriminadamente, si no solo lo que está malo sin llevarse lo bueno. Ni dejar cizaña de forma que ahogue la semilla.

Da libertad interior: no estamos atados a nuestros caprichos o gustos.

 

Conclusión



La penitencia mas perfecta es la del cumplimiento del deber diario en los estados de vida. Es la que mas agrada al Señor y avanza el alma en la perfección. Es la que vive en un estado constante de renuncia de su voluntad para hacer la voluntad de Dios.

Quien así vive, sabe siempre acomodarse, ser flexible, sin quejas y con buen animo, sin apelar a sus derechos para obtener ventaja. Sabe esperar pacientemente en la voluntad de Dios, la cual es la mas alta forma de penitencia. Para algunos la penitencia es no poder hacerla. En todo, lo mas importante es ceder a la voluntad de Dios.

La Penitencia debe ser juzgada mas por lo que gana que por lo que renuncia. Mas que renuncia es darse, entregarse… es llegar a crecer a la estatura de Cristo…. es ir quitando de nosotros lo que no se asemeja a Cristo.

 

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