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La santidad es el adorno de tu casa Señor por días sin término.

La enseñanza del caracol; reflexiones


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Del caracol podemos aprender muchas cosas, entre ellas, su serenidad, su perseverancia y su particular forma de protegerse.

Ilustrar esta página de Espiritualidad con la imagen de un caracol es, antes que un recurso gráfico, una forma de mostrar la imagen creadora de una singular anatomía que invita a la transparencia y a la serenidad.

Porque ese animal, que lleva sobre su espalda una gran concha espiral, además de mostrar una de las tantas obras diseñadas por las manos de Dios, nos deja ver la realidad y, al mismo, tiempo la sencillez de la vida.

¡Él avanza sin prisa, pero también sin pausa!

Tiene la inmensa cualidad de que sabe defenderse, a pesar de que se ve vulnerable.

Es cierto que a veces se ‘esconde’, pero no lo hace por cobardía. Lo que pasa es que sabe llevar su carga sin tanto aspaviento, sin gritársela a todo el mundo y, sobre todo, la sobrelleva al interior de su humanidad.

Tal vez tiene claro que el progreso espiritual se mide, de manera precisa, alcanzando la tranquilidad.

Lo que el caracol enseña es que puede crecer desde adentro y proyectarse al exterior y que, en esa misión, no tiene otra maestra que su propia alma. Por eso, cuando él siente que las condiciones le son favorables, sale de su concha y decide seguir su trayecto.

De él también sorprende que puede andar sobre el filo de un cuchillo. Y aunque usted suele verlo en el piso, tiene otras habilidades como las de trepar por las paredes o avanzar por el techo. Es decir, es capaz de ascender tan alto como se lo proponga.

Algo más: Su propia baba le sirve para curarse de las heridas y librarse de infecciones.

Mejor dicho: El caracol nos invita a tomar las cosas con calma; a saber protegernos; a caminar con cautela, pero llegando lejos; y a autocurarnos.

A veces nos estresamos y nos complicamos sin darnos cuenta; eso es algo que no le ocurre a este molusco.

Y tal vez no se vea como un animal bonito, pero si lo analiza bien tiene una belleza especial.

Él además demuestra que el tiempo no importa tanto, que podemos atravesar caminos al ritmo de Dios, sin tener en cuenta ni la hora ni las piedras o lo ‘filoso’ del trayecto.

Nosotros, en la vida diaria, corremos demasiado y no disfrutamos el momento preciso. Además nos cuesta mucho entender que para llegar a la meta hay que hacerlo con un horizonte bien definido, más allá de las vicisitudes que llevemos sobre la espalda.

Ojalá fuéramos capaces de vivir intensamente cada momento, deteniéndonos sin miedo a perder el tiempo o la primera posición en la carrera.

Debemos caminar paso a paso, pero dejando huellas positivas, no marcando nuestro territorio, sino haciendo más fácil la aventura de vivir.

Con calma

El caracol nos invita a la paz. Porque nosotros, que somos sensibles tantas veces a los gritos y a la agresividad, antes que responder con amabilidad nos igualamos al violento y actuamos a la defensiva hiriendo muchas veces a quienes más queremos. Ojalá siempre nos tratáramos con respeto y cariño, con la delicadeza del caracol.

También hay que entender que podemos adaptarnos a nuestra realidad y no quererlo todo para ya. La verdad es que a nosotros nos falta paciencia y nos sobra el afán.

Debemos comprender que, si bien somos frágiles y vulnerables, podemos defendernos con dignidad y humildad, pero siempre teniendo la gallardía de analizarnos por dentro.

Una última reflexión del caracol: ¡Siempre hay sol en su vida! Porque así se refugie en su concha, él mismo, desde su interior y por supuesto con la venia de Dios, ilumina su propio camino.

¡aprovechemos nuestro tiempo!

Limpiamos el aire, pero ensuciamos nuestras almas. En este tiempo encontramos personas con más oportunidades, pero con caracteres débiles; con más libertad, pero que expresan menos alegría. Los actuales son días en los que llegan dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios; son tiempos de casas más hermosas, más llenas de cosas, pero vacías de calor, de ternura y de amor.

Por eso no guarden nada para ocasiones especiales. Cada día que vivimos es el tiempo preciso. También pasen más tiempo con su familia. ¡Salgan a disfrutar la vida!

No guarden su perfume para una fiesta; Úsenlo cada vez que tengan ganas. Hay que eliminar de nuestro vocabulario frases como “algún día”, “ya vendrá la ocasión” y “quizás mañana”.

Aprendamos a disfrutar todos los regalos que cada día se nos dan como gracia del Señor. No intentemos retardar, detener o guardar nada que agregaría risa o alegría a nuestra vida. Cada día, hora o minuto es

importante. ¡Todo es un premio que Dios nos otorga!

https://www.vanguardia.com/entretenimiento/espiritualidad/lo-que-el-caracol-nos-ensena-MYVL318567

Caricaturas HFIC


Practicar virtudes para alcanzar la felicidad


Cada virtud es el punto medio entre el exceso y la carencia. Aplicado en términos prácticos esto significa, por ejemplo, que una persona virtuosa sabrá cuánto puede beber sin que sea demasiado y sin abstenerse completamente.

Para Aristóteles, nos volvemos moderados practicando la moderación y valientes al practicar el coraje, entre otras afirmaciones por el estilo, lo que lleva a que la virtud se convierta en hábito.

¿Cuáles son las virtudes según Aristóteles?

Coraje: el punto medio entre la cobardía y la imprudencia. La persona valiente es consciente del peligro, pero va de cualquier manera.

Templanza: la virtud entre el exceso de indulgencia y la insensibilidad. Aristóteles juzgaría a la persona que nunca bebe tan severamente como a la que bebe demasiado.

Generosidad: la virtud de la caridad, este es el medio dorado entre la mezquindad y dar más de lo que puedes pagar.

Magnificencia: la virtud de vivir extravagantemente. Descansa entre la mezquindad y la vulgaridad. Aristóteles no ve razón para ser ascético, pero también advierte contra ser llamativo.

Magnanimidad: la virtud relacionada con el orgullo; es el punto medio entre no darse suficiente crédito y tener delirios de grandeza. Es un hecho que también debes actuar en este sentido de autoestima y luchar por la grandeza.

Paciencia: esta es la virtud que controla tu temperamento. La persona paciente no debe enojarse demasiado, ni dejar de enojarse cuando debería.

Verdad: la virtud de la honestidad. Aristóteles la sitúa entre los vicios de la mentira habitual y el hecho de no tener tacto o jactancia.

Astucia: es el punto medio entre bufonería y grosería; esta es la virtud de tener un buen sentido del humor.

Simpatía: aunque ser amistoso podría no parecer una virtud moral, Aristóteles afirma que la amistad es una parte vital de una vida bien vivida. Esta virtud está en el justo medio entre no ser amable en absoluto y ser demasiado amigable con demasiadas personas.

Vergüenza: el punto medio entre ser demasiado tímido y ser desvergonzado. La persona que tenga la cantidad correcta de vergüenza entenderá cuando haya cometido un error social o moral, pero no tendrá miedo de arriesgarse.

Justicia: la virtud de tratar justamente a los demás. Está a la mitad entre el egoísmo y el desinterés. Esta virtud también se puede aplicar en diferentes situaciones y Aristóteles tiene un capítulo completo dedicado a las diversas formas que puede tomar.

Cómo saber si una obra – o una persona – es de Dios


Cómo saber si una obra – o una persona – es de Dios

No hay una ‘fórmula mágica’ y a veces lleva tiempo darse cuenta. 

 

Por P. Tomás Beroch. 9 de abril de 2019.

 

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San Ignacio de Loyola nos da dos reglas de oro que debemos siempre observar:

 

Primera:

Lo que viene de parte de Dios nunca es confuso, y nunca turba nuestra alma. Al contrario, del Señor siempre viene la paz interior y la tranquilidad de conciencia. En cambio, lo que viene del demonio es siempre confuso, o al menos no es del todo claro. Si siento una gran turbación en mi alma por algún hecho, por el contacto con una persona, o por una acción concreta, hay que estar atentos, pues es señal de que algo no anda bien.

 

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Segunda:

Lo que viene de Dios, además de darme paz interior siempre me ayuda a mejorar mi vida espiritual y a crecer en santidad. El Señor siempre me lleva a mayores grados de gracia y me alienta a crecer en ella. Lo que viene del demonio puede que no sea directamente malo, pero me lleva sea a algo dañino, o sea a un estado “menos bueno del que me encontraba antes”. El demonio buscará que yo me contente con cosas “menos dignas” para luego lograr su objetivo que es hacerme pecar y perder la gracia de Dios. Por dar un ejemplo: cuando tenemos que rezar el rosario, el demonio siempre buscará distraernos con alguna actividad supuestamente buena, pero menos importante que el rosario. Y cuando terminemos esa actividad, nos sugerirá otra, y luego otra y así sucesivamente hasta hacernos abandonar el rosario por un día. Luego lo abandonaremos por dos, y terminaremos no rezándolo nunca más.

Abandonando la oración, no tenemos fuerzas para mantenernos en gracia, y es así como caemos en pecados graves que hieren a nuestra alma. Otro ejemplo: el demonio nos dirá “no te preocupes por ese pecado, es solo venial”, o “es solo una imperfección, no debes darle importancia”.Justamente, como dice el Señor:

 

“Quien en lo poco es infiel, también es infiel en lo mucho” (Lc. 16, 10).

 

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Nunca podremos evitar el pecado mortal si no luchamos contra los pecados veniales y las pequeñas imperfecciones. Como decía Santo Domingo Sabio: “Antes morir que pecar”.

Por lo tanto, con la oración, la penitencia, la confesión, los sacramentos y toda ayuda divina, y además, buscando con nuestra voluntad servir a Dios con todas nuestras fuerzas, el Señor nos concederá la gracia de ser fieles hasta el final.

 

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Pidámosle a la Virgen la gracia que pedía San Felipe Neri día a día: “Señor, pon tu mano sobre Felipe o Felipe te traicionará”. Nunca confiemos solo en nuestras fuerzas – aunque estas deben ponerse a disposición. Pongamos toda nuestra confianza en Dios y en su Santa Madre, pues si tomamos sus manos, nada malo puede sucedernos.

 

¡Muchas bendiciones para cada uno de ustedes!

 

Padre Tomás

 

Fuente: aquí

 

fuentes: https://dominusestblog.wordpress.com/

 

Exámen de Adviento


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VENERABLE MADRE HUMILDITA

Amistades Santas que podemos imitar.


Un amigo fiel “no tiene precio, no hay manera de estimar su valor” y “es un bálsamo de vida, que encuentran los que temen al Señor”, dice la Biblia en el capítulo 6 del libro del Eclesiástico.

Estos santos descubrieron ese tesoro y dieron testimonio al mundo de que se puede alcanzar una amistad bella, fructífera y fundada en el Señor. A continuación, te presentamos 10 hermosas amistades de santos en la historia de la Iglesia.

1.- San Francisco y Santa Clara de Asís

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La amistad de estos dos santos italianos es una de las más famosas dentro de la Iglesia Católica.

Cuando San Francisco de Asís conoció a Santa Clara, tomó la decisión de “quitar del mundo malvado tan precioso botín para enriquecer con él a su divino Maestro”. En 1212, la joven huyó de su casa para consagrarse a Dios en la iglesia de San Damián y prometió obedecer a Francisco en todo.

Luego ella fundó la orden de las clarisas y cuidaba de los enfermos que Francisco le enviaba. En 1225 atendió a su amigo, que sufría por los estigmas y cuya salud se había debilitado.

Antes de morir Francisco en 1226, él le envió un mensaje de ánimo a Santa Clara para que no se desanimara ante su partida.

2.- San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta

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La amistad entre el Papa polaco y la fundadora albanesa de las Misioneras de la Caridad es una de las que más ha conmovido a los fieles en la actualidad. San Juan Pablo II solía llamarla “Mi madre”.

El Papa peregrino desarrolló su vocación religiosa en medio de la guerra y el comunismo, mientras que ella profundizó su llamado de atender a los más necesitados en Calcuta, una de las zonas más pobres de la India.

Santa Teresa de Calcuta lo visitó varias veces en el Vaticano y en 1986 el Pontífice viajó a la India, donde conoció el hospicio “Nirmal Hriday” (Sagrado Corazón) que ella fundó. La religiosa expresó que ese fue “el día más feliz” de su vida.

3.- San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac

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El motor principal de la vida de estos santos franceses fue la caridad. A los 36 años San Vicente de Paúl sintió el llamado de servir a los pobres.

Decidió fundar la Congregación de la Misión (Vicentinos o Vicencianos) para evangelizar a los más necesitados y trabajar en la formación del clero.

Años más tarde conocería a una valiente y decidida viuda llamada Luisa de Marillac. El santo decidió impartirle una formación espiritual y juntos fundarían en 1633 la Compañía de la Hijas de la Caridad.

4.- Santa Teresita del Niño Jesús y Santa Elisabeth de la Trinidad

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Santa Teresita de Lisieux y Santa Elisabeth de la Trinidad fueron dos religiosas carmelitas francesas cuya amistad se basó en su profunda vida espiritual.

Se conocieron en el Carmelo de Dijon, ubicado al este de Francia. Elizabeth, llamada la “hermana espiritual” de Santa Teresita, escribió diversos libros sobre la Santísima Trinidad.

Las dos deseaban con fervor poder llegar al cielo y estar junto a su amado Jesús. Ellas murieron antes de cumplir los 30 años. Santa Teresa de Lisieux falleció en 1897 mientras que su amiga falleció nueve años después.

5.- Santa Rosa y San Martín de Porres

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Estos son los dos santos más importantes del Perú y destacan por su testimonio de humildad y entrega a los más necesitados. Dice la tradición que ambos fueron bautizados en la iglesia de San Sebastián, con dos años de diferencia, y recibieron el sacramento de la confirmación de manos de Santo Toribio de Mogrovejo, el segundo Arzobispo de Lima.

Ambos profundizaron su amistad cuando atendían a los enfermos y esclavos de la ciudad. Además pertenecieron a la orden de los dominicos. Santa Rosa de Lima fue una Terciaria mientras que San Martín de Porres fue religioso.

6.- San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier

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Estos dos santos españoles se conocieron en la Universidad de La Sorbona, en París, Francia. San Ignacio de Loyola tenía unos 33 años cuando su discípulo San Pedro Fabro le presentó a San Francisco de Javier.

Al principio, Francisco consideraba a Ignacio antipático porque este siempre le repetía la frase de Cristo: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?». Poco a poco el joven dejó a un lado su vanidad e hizo los ejercicios espirituales creados por el fundador de la Compañía de Jesús (Jesuitas).

En 1540 el Papa Pablo III aprobó la creación de la Orden y San Ignacio fue elegido como su primer Superior General, mientras que San Francisco Javier partió como misionero a la India y Japón.

7.- Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz

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Teresa era una joven soñadora y decidida cuando hizo sus votos en el Carmelo con 21 años en 1536. Allí se dio cuenta de que las carmelitas en España y otros lugares habían decaído y se habían convertido en una especie de centro social para todos los que deseaban una vida fácil y relajada.

Cuando empezó a fundar los nuevos conventos carmelitas, conoció a un joven fraile llamado Juan y tras entrevistarse con él, lo invitó a formar parte de la reforma del Carmelo para revitalizar el carisma original de pobreza y oración.

Estos amigos también escribieron hermosos poemas que están basados en sus pruebas y gozos espirituales. El más famoso de Santa Teresa de Ávila es “Nada te turbe” y el de San Juan de la Cruz es “La Noche Oscura del Alma”.

8.- San Juan Bosco y Santo Domingo Savio

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Tras ser ordenado sacerdote en 1841, San Juan Bosco inició un oratorio donde reunía a cientos de jóvenes para formarlos. En ese entonces, un presbítero le presentó a un niño llamado Domingo. El santo quedó impresionado por la vida espiritual y la alegría del chico. Por ello decidió acogerlo y se convirtió en su guía espiritual.

Una noche Don Bosco lo encontró temblando de frío en su cama y cubierto solo con una sábana. Cuando le llamó la atención, Santo Domingo Savio lo tomó con humor y bromeó: “Nuestro Señor no cogió ninguna pulmonía en el establo de Belén”.

Domingo falleció en 1857. Dos años después, Don Bosco fundó a la orden de los Salesianos junto con un grupo de jóvenes.

9.- San Cornelio y San Cipriano

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El Papa San Cornelio y el Obispo de Cartago, San Cipriano, dieron testimonio de su fe ante la persecución que sufrieron por parte del Imperio Romano.

Este Pontífice se enfrentó al sacerdote Novaciano quien proclamó la herejía de que la Iglesia Católica no tenía el poder para perdonar los pecados. El santo lo enfrentó y fue respaldado en este debate por su amigo San Cipriano.

San Cornelio fue enviado al destierro y murió decapitado en 253. Por su parte, San Cipriano fue martirizado de la misma forma que su amigo cinco años después.

10.- Santas Felicidad y Perpetua

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Perpetua era una joven madre de 22 años proveniente de una familia rica y Felicidad era su esclava. Fueron arrestadas y encarceladas por ser cristianas.

En prisión Felicidad dio a luz a una niña y los cristianos lograron que Perpetua pueda estar con su bebé durante los últimos días de su vida.

Comulgaron antes de ser arrojadas a una vaca salvaje y morir decapitadas en el año 203. Los cristianos se encargaron de criar a la hija de Felicidad, mientras que las tías y la abuela de Perpetua se encargaron de la educación de su hijo.

 

11. San Francisco de Sales y Santa Juana Chantal

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San Benito y Santa Escolastica

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Cortesìa de: https://www.aciprensa.com/

 

INVESTIGACIONES QUE HAN DE REALIZAR LOS OBISPOS EN LAS CAUSAS DE LOS SANTOS.


1) Compete a los obispos diocesanos y de más jerarquías equiparadas en derecho, dentro de los límites de su jurisdicción, sea de oficio, sea a instancias de fieles o de grupos legítimamente constituidos o de sus procuradores, el derecho a investigar sobre la vida, virtudes o martirio y fama de santidad o martirio, milagros atribuidos, y, si se considera necesario, el antiguo culto al Siervo de Dios, cuya canonización se pide.

2) En estas investigaciones el obispo debe proceder conforme a las normas peculiares emanadas de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, según el orden siguiente:

1º El postulador de la causa, nombrado legítimamente por el actor, recogerá una detallada información sobre la vida del Siervo de Dios, y se informará al mismo tiempo sobre las razones que parecen favorecer la promoción de la causa de canonización.

2º Procure el obispo que sean examinados por censores teólogos los escritos publicados por el Siervo de Dios.

3º Si no se encontrara en dichos escritos nada contrario a la fe y a las buenas costumbres, ordene el obispo a personas idóneas para este cometido examinar los demás escritos inéditos (cartas, diarios, etc.) y todos los documentos que de alguna manera hagan referencia a la causa. Estas personas, después de haber realizado fielmente su trabajo, hagan una relación de las investigaciones llevadas a cabo.

4º Si con lo hecho según las normas anteriores, el obispo juzga prudente que se puede seguir adelante, procure que se interroguen los testigos presentados por el postulador y otros debidamente convocados por oficio. Si urge realmente el examen de los testigos para no perder pruebas, interróguese a los mismos aunque no se haga realizado una investigación completa de los documentos.

5º Hágase por separado el examen de los milagros atribuidos y el examen de las virtudes o del martirio.

6º Una vez realizadas las investigaciones, envíese la relación de todas las actas por duplicada a la Sagrada Congregación, junto con un ejemplar de los libros del Siervo de Dios examinados por los censores teólogos, y con su juicio.  Añada además el obispo una declaración sobre la observancia de los decretos de Urbano VIII en relación al no culto.

II
LA SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LAS CAUSAS DE LOS SANTOS

3) Es competencia de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, al frente de la cual está el cardenal Prefecto, ayudado por el secretario, tratar todo lo referente a la canonización de los Siervos de Dios, bien sea aconsejando a los obispos en la iniciación e instrucción de las causas, bien sea estudiando más profundamente dichas causas, o, finalmente, dando un juicio.

Compete a la misma Congregación discernir lo referente a la autenticidad y conservación de las reliquias.

4) Es tarea del secretario:

1º Ocuparse de las relaciones con los demás, sobre todo con los obispos que instruyen las causas.

2º Participar en las discusiones sobre la causa, emitiendo su voto en la congregación de los padres cardenales y obispos.

3º Hacer una relación del juicio de los cardenales y obispos, para entregarla al Sumo Pontífice.

5) El secretario, en la realización de su trabajo, es ayudado por el subsecretario, al que corresponde sobre todo ver si se han cumplido las disposiciones de la ley en la instrucción de las causas; en esta tarea será ayudado también por un adecuado número de oficiales menores.

6) Para el estudio de las causas, hay en la Sagrada Congregación un Colegio de relatores, presidido por el relator general.

7) Es tarea de cada uno de los relatores:

1º Estudiar juntamente con los colaboradores externos las causas a ellos encomendadas y preparar las ponencias sobre las virtudes o sobre el martirio.

2º Elaborar por escrito las interpretaciones históricas, si fueran requeridas por los consultores.

3º Asistir como expertos pero sin voto, a la reunión de teólogos.

8) Entre los relatores habrá uno especialmente encargado de elaborar las ponencias sobre los milagros; para ello asistirá al Consejo de los médicos y al Congreso de los teólogos.

9) El relator general, que preside el grupo de los consultores históricos, contará con la colaboración de algunos ayudantes de estudio.

10) En la Sagrada Congregación hay un promotor de la fe o prelado teólogo, cuya tarea es:

1º Presidir el Congreso de los teólogos, en el que tiene voto.

2º Preparar una relación de dicha reunión.

3º Asistir a la Congregación de los padres cardenales y obispos como experto, pero sin voto.

En alguna causa, si fuere necesario, el cardenal Prefecto puede nombrar un promotor de la fe para el caso.

11) Para tratar las causas de los santos habrá consultores procedentes de diversas naciones, unos expertos en historias y otros en teología, sobre todo espiritual.

12) Para el examen de las curaciones presentadas como milagros, habrá en la Sagrada Congregación un Consejo de especialistas en medicina.

III.
MODO DE PROCEDER EN LA SAGRADA CONGREGACIÓN

13) Cuando el obispo haya enviado a Roma todas las actas y documentos referentes a la causa, la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos procederá así:

1º El subsecretario examina ante todo si en las investigaciones realizadas por el obispo ha sido observado todo lo establecido por la ley e informa del resultado del examen en Congreso ordinario.

2º Determínese a qué relator ha de ser confiada la causa, si en dicho Congreso se juzgare que dicha causa ha sido instruida conforme a las normas de la ley; el relator junto con un colaborador externo, elabore la ponencia sobre las virtudes o sobre el martirio según las reglas de la crítica que se observan en hagiografía.

3º Tanto en las causas antiguas como en las recientes, cuando el carácter especial de las mismas lo requieran a juicio del relator general, la ponencia será sometida al examen de los consultores especialmente peritos en la materia para que emitan su juicio sobre el valor científico y juzguen si resulta suficiente en orden a lo que se trata.

En casos particulares la Sagrada Congregación puede confiar el examen de la ponencia a otros peritos, no incluidos en el número de los consultores.

4º Entréguese la ponencia (junto con los votos escritos de los consultores históricos y con las nuevas explicaciones del relator, si fueren necesarias) a los consultores teólogos, que darán su juicio sobre la causa; a ellos corresponde, junto con el promotor de la fe, estudiar la causa de modo que, antes de que llegue a la discusión en el Congreso especial, se examinen más profundamente las cuestiones teológicas discutidas, si las hubiere.

5º Los juicios definitivos de los consultores teólogos, junto con las conclusiones del promotor de la fe, se entregarán a los cardenales y obispos para que emitan su juicio.

14) Sobre los milagros presentados, la Congregación procede así:

1º Los milagros atribuidos sobre los que el relator encargado elabora una ponencia, se examinan en una reunión de peritos (si se trata de curaciones, en el Consejo de médicos), cuyos juicios y conclusiones se exponen en una relación detallada.

2º Los milagros han de ser discutidos después en un Congreso especial de los teólogos, y por fin en la Congregación de los padres cardenales y obispos.

15) Los juicios de los padres cardenales y obispos se comunican al Sumo Pontífice, a quien únicamente compete el derecho de decretar el culto público eclesiástico que se ha de tributar a los Siervos de Dios.

16) En cada una de las causas de canonización, cuyo juicio esté ahora pendiente ante la Sagrada Congregación, ésta debe establecer mediante un decreto particular el modo de proceder ulteriormente, teniendo presente los criterios de esta nueva ley.

17) Lo prescrito en esta nueva Constitución entra en vigor este mismo día.

Queremos que estos nuestros decretos y prescripciones sean en el presente y en el futuro firmes y eficaces, sin que obsten, en cuanto sea necesario las Constituciones y las Disposiciones Apostólicas emanadas por nuestros predecesores y otras prescripciones dignas también de especial mención y derogación.

fuente: http://w2.vatican.va

 

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Hna. Carmelita

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