Milagros, gracias y favores


Periódicamente se dan a conocer hechos sobrenaturales, de carácter inexplicable científicamente, atribuidos a la intercesión de un Siervo de Dios o un beato, que manifiestan la cercanía de Dios.

La Congregación para las causas de los santos de Roma, recuerda que la fama de santidad y la de gracias atribuidas a la intercesión de los Siervos de Dios es verdaderamente el motor de los procesos de beatificación y de canonización.

Que Dios desee conceder gracias y favores espirituales y materiales a través de la intercesión de los santos y de quienes van camino de serlo. Es una manifestación del dogma de la comunión de los santos que repetimos los cristianos desde los albores del cristianismo los domingos en el símbolo de la fe, y manifiesta la comunión entre la Iglesia de los que están en el cielo, en el purgatorio y en la tierra.

Finalmente, la Iglesia distingue entre los milagros necesarios, como vox Dei, que confirman que un venerable Siervo de Dios o un beato han de ser añadidos al catálogo de los santos y se les puede dar culto público general restringido a un determinado ámbito o conjunto de diócesis, familia espiritual, etc.

Para que el Santo Padre pueda autorizar el decreto de un milagro se debe haber estudiado que es hecho extraordinario, que se atribuye a la intercesión unívoca de un beato o un Venerable y cumple las determinaciones que marca el derecho canónico: La curación debe ser instantánea. Es decir, que en el caso concreto que se investiga:

El tiempo de la curación

debe ser extremadamente rápido respecto del tiempo previsible de curación que se considera normal.

La curación debe ser perfecta

Debe ser estable y duradera, sin reincidencias o recaídas

Cuando los hechos atribuidos a la intercesión de un Venerable Siervo de Dios o beato no cumplen las condiciones señaladas, porque no se han podido demostrar,  o porque son cuestiones de carácter espiritual, etc., se denominan gracias y favores.

Según la teología católica los milagros, gracias y favores, son un signo de la providencia amorosa de Dios y una manifestación, por tanto, de su misericordia en favor de sus hijos los hombres.

José Carlos Martín de la Hoz

José Carlos Martín de la Hoz, Teología del milagro y Causas de canonización, en Ius communionis, 5 (2017) 123-142.

Mas sobre los milagros

Mas estas cosas que se realizan divinamente alguna vez fuera del orden comúnmente establecido en la naturaleza, suelen llamarse “milagros”; porque nos “admiramos” cuando, viendo el efecto, ignoramos la causa. Y como una misma causa es a veces conocida por unos e ignorada por otros, de ahí resulta que, entre quienes ven un efecto simultáneamente, unos se admiren y otros no. Por ejemplo, el astrólogo no se admira viendo un eclipse de sol, porque conoce la causa; sin embargo, quien desconoce esta ciencia, ignorando la causa, ha de admirarse necesariamente. Así, pues, hay algo admirable para éste y no para aquél. Luego será admirable en absoluto lo que tenga una causa absolutamente oculta. Y esto significa la palabra “milagro”, a saber, lo que “de sí está lleno de admiración”, y no con respecto o éste o a aquél. Es así que la cace absolutamente oculta a los hombres es Dios, porque ya se probó (c. 47) que ningún hombre puede comprender intelectualmente la esencia divina en el estado actual de vida. Luego serán propiamente milagros las cosas que divinamente se realizan fuera del orden comúnmente observado en la naturaleza.

Mas hay diversos grados y órdenes de estos milagros.

  1. MILAGROS DE PRIMER GRADO

Estos milagros se llaman milagros en cuanto al fondo (quoad substantiam).

Porque ocupan el grado supremo entre los milagros aquellas cosas en que Dios realiza le que jamás puede hacer la naturaleza, como que dos cuerpos estén simultáneamente en un solo lugar, cine el sol retroceda o se pare, que el mar se divida ofreciendo camino a los transeúntes. Y entre estas cosas se ha de considerar también el orden, porque cuanto mayores son las cosas realizadas por Dios y más alejadas están del poder de la naturaleza, tanto mayor es el milagro. Como mayor milagro es el retroceso del sol que la división del mar.

Un evento está por encima del curso de la naturaleza y más allá de sus fuerzas productivas: en lo que respecta a su naturaleza sustancial, es decir, cuando el efecto es de tal naturaleza que ningún poder natural podría hacer que se cumpla en cualquier manera o forma alguna, como por ejemplo,

  • la elevación a la vida del hijo de la viuda (Lucas 7),
  • o la cura del ciego de nacimiento (Juan 9).

2. MILAGROS EN SEGUNDO GRADO

El segundo grado concierne al sujeto (quoad subiectum):

Ocupan el segundo grado entre los milagros las cosas en que Dios realiza algo que incluso puede realizar la naturaleza, pero no por el mismo orden. Pues obra de la naturaleza es que determinado animal viva, vea y camine; pero que tras la muerte viva, tras la ceguera vea y tras la cojera camine, tal no puede hacer la naturaleza, sino que lo realiza Dios alguna vez milagrosamente. Y en esto también se ha de considerar el orden, mirando a que lo que se hace esté más alejado del poder de la naturaleza.

En cuanto a la forma en que se produce el efecto es decir, donde puede haber fuerzas de la naturaleza, amueblada y capaz de producir el efecto considerado en sí mismo, sin embargo, el efecto se produce de una manera totalmente diferente de la manera en que naturalmente debe ser realiza, es decir, instantáneamente, por una palabra, por ejemplo,

  • la curación del leproso (Lucas 5).

la enfermedad de una persona es considerada incurable, durante su proceso puede haber destruido incluso huesos u órganos vitales; en este caso no sólo se verifica la completa curación, sino también la reconstitución integral de esos órganos (restitutio in integrum). El poder de Dios se muestra en el milagro: directamente a través de su propia acción inmediata o mediatamente a través de criaturas como medios o instrumentos.

 

3. MILAGROS EN TERCER GRADO

Estos se llaman milagros en cuanto a la forma de su producción (quoad modum).

Se da el tercer grado de milagros cuando Dios realiza lo que ordinariamente obra la naturaleza, pero sin contar con los principios operantes de la misma; como cuando alguien es curado por virtud divina de una fiebre naturalmente curable y cuando llueve sin que intervengan los principios naturales.

Cuanto la curación de una enfermedad, que la medicina podría haber conseguido solamente después de un largo periodo, se da instantáneamente.

 

Fuente: http://santotomasdeaquino.verboencarnado.net/capitulo-ci-de-los-milagros/

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